
Fernando
Montaña Lozano
El Líbano, Tolima (Colombia)
Reside en Villavicencio, Meta
(Colombia) |
Primeros auxilios
(Jotabé)
Dice el cura al monaguillo: «Ve y toca
las campanas. Hay réquiem por la loca».
El joven a la torre va ascendiendo,
un helado espumoso consumiendo
que al piso en gruesas gotas va escurriendo.
Abajo, sor Conchita va leyendo.
«Caerás», dice el pícaro emisario.
Oye un tas tas que anega el campanario.
Baja y da respiración boca a boca
a la monja. Y el cura va pidiendo
que lo deje auscultarle el tafanario.
Friso de gratitud en letras doradas
(Jotabé con estrambote)
para Migdonia Montaña Lozano
Fue mi empresa el hermoso compromiso
que puso mis proyectos sobre aviso.
En ella acumulé grandes saberes,
conjugué mi actitud con mis deberes,
comprendí que adaptarse a pareceres
entona el universo con los seres.
Gracias, jefes; sus grandes enseñanzas
serán con mis recuerdos, añoranzas
que con letras doradas en el friso
sagrado de mi historia de quehaceres
habrán de convertirse en alabanzas.
En todas mis andanzas
llevaré en mi corazón la empresa
y gozaré con su sabor a fresa.
Felicidad móvil
(Jotabem)
¡Baila! ¡Danza en el momento!
¡Goza brisa! ¡Goza viento!
¡Disfruta la madrugada!
¡Ríe en tarde soleada!
¡Ve con tu hermosa mirada
a la luna enamorada!
Brille el sol sobre tu espalda,
el calor sobre tu falda.
Sé feliz en movimiento
que mi brazo, flor morada,
tu traje hace minifalda.
Nelson Ned
(Jotabé con estrambote)
Voz que despierta los dioses más rudos,
cuerpo de niño con versos sesudos.
«¡Ay!, si las flores pudieran hablar»
dirían de Ned, hacerle un altar.
Dijo el hombre en «Mi manera de amar»:
conmigo, «un gran amor vas a ganar».
Pese a drogas y vicio no hizo mal
en riesgos de fama internacional.
Aún al oírlo estrecha los nudos
y el cuello atorado empieza a llorar
porque «Yo también soy sentimental».
Su voz de vendaval
retumba en casa como tierno sueño
y arde en memoria cual candente leño.
Bravucón sin razón
(Jotabem)
Un paciente bravucón
retó a su corazón
a vivir sin sospechoso
medicamento animoso.
El galeno riguroso
lo requirió belicoso.
«Dame de los más baratos»,
dijo el hombre. «¡Y sulfatos!».
Esgrimida la razón,
dijo el médico furioso:
«¡Zapatero, a tus zapatos!».
Paleta de engaños
(Jotabem heptasílabo)
Pensar es algo cojo
que no aguanta remojo.
Lo impone tal caudillo
que exhibiendo su anillo
parece ser sencillo
y en el solio es un pillo.
Ah, ¿votaste por mí?
Sí, sí señor; por ti.
Di que esto verde es rojo,
el mar es amarillo,
la sangre azul turquí.
Cuando la noche se llama día
(Jotabé)
No vacila leal naturaleza
en mostrar su pletórica belleza.
No vacila el humano trascendente
en cuidar amoroso el medio ambiente
buscando preservar al descendiente.
El otro, ruin de parla impenitente,
orondo plasma idea en sus engaños
diciendo: «Noche es día y meses años».
Lo mira el sol en singular nobleza
y a guiño de ojo el otro, impertinente,
le pide no meterse en sus rebaños.
Hno. Leonardo Gómez
(Jotabé)
Tuvo mi casa dicha contagiosa
de gozar la presencia generosa
de un maestro de vívida energía,
atiborrado en sobria lozanía,
rayando en soberana cortesía
y explosivo en su cálida alegría.
El Señor lo acompañe en la sazón
con que adoba su regio corazón.
Otros lugares ganen con su hermosa
presencia lasallista y ambrosía
que ha legado el Señor a su misión.
El peso de los gestos
(Jotabé)
Un gesto procaz desata marea,
palabra leal no siempre blanquea.
Tenía el joven lógica intuitiva,
rútila emoción, vasta perspectiva,
amplio corazón, pluma creativa.
Perdió su impulso en causa disruptiva.
Dijo el maestro: «Aprendes pa' tus dueños».
Pensó el chico entre sus brasas, leños,
que tenue señal, por leve que sea,
o fina expresión, ligera y esquiva,
construye o destruye lúcidos sueños.
Rebaño sin ojos
(Jotabé tridecasílabo)
Se empujan las ovejas buscando ganar
olvidadas del pienso, lejos de su hogar.
Codo a derecha, a izquierda, viles maltratos,
por algo suntuoso: por ejemplo, zapatos;
también vanidades: simulados retratos;
y tiempos perdidos: maquillajes a ratos.
Frena al rebaño un listo carnero: «Tan bobo»,
las otras lo acusan. «Quiere pasar de probo».
Dispersas, tramposas, no cesan de empujar;
medallas y triunfos son cánticos baratos.
Y allá, lejos, no mucho, se aproxima el lobo.
Escalera de luz (2)
(Jotabem)
La linterna el cabo prende
y el rayo de luz asciende.
Dice al cándido recluta:
«Oye, escala por la ruta
del rayo de luz. Disfruta
que eso no te electrocuta».
Desconfiado el jovenzuelo,
temeroso halla consuelo.
Dice al cabo, del que pende:
«La compañía se enluta,
pues si apagas, caigo al suelo».
Escalera de luz
(Jotabem)
El cabo enciende linterna
y el haz emprende la eterna
escalada hasta la altura.
«Soldado, tú con mesura,
utiliza tu estatura
para trepar la hermosura
del chorro que va subiendo».
El joven se queda viendo
y señalando su pierna.
«Si apagas, esta criatura
el piso queda lamiendo».
Herencia de luz
(Jotabé)
para Nelida Magdalena Gonzalez
Hay un cielo de brillos terrenales
donde los gozos son como cristales
de flores, de perfumes y canciones
que acarician el alma en emociones.
Ese cielo se esfuma en ilusiones
dejándonos dolidas sensaciones.
Este sentir de bóveda infinita
anega los espacios; mas concita
momentos tan hermosos, fraternales,
cantos, danzas, los bellos corazones
que ha legado su angelical primita.
Esposa de ópalo
(Jotabem pentasílabo)
Mi gran esposa,
tan generosa,
no se conforma.
Si halla una norma,
no la deforma:
sí la transforma
por propia mano
viendo al humano
que en una fosa
pierde la forma
como un villano.
Aprender cayendo
(Jotabem con estrambote)
No entraré en desconsuelo
ni tampoco iré al cielo
si la rima no comprendo
o si, bueno, bien la entiendo.
Muchas veces voy cayendo
o a lo mejor voy subiendo.
No me importa haber caído
aunque me sienta roído.
Los versos, dijo mi abuelo,
de un poema son atuendo
que engalana al corroído.
He creído:
estas sílabas recuento
y echo rimas vuelo al viento.
Belleza de la imperfección
(Jotabé)
No sabía de rimas imperfectas.
Creí que las mías eran correctas.
Por más que metía muelas y dientes
en palabras de rimas aparentes,
no descubría rimas consistentes
en finales de letras coincidentes.
Tomando mi cerebro el desafío
terminó por pensar: «Estoy vacío».
Y cual si comparase un par de rectas
en plano cartesiano descendentes,
no sé si lo logré. Pero confío.
El último viejito
(Jotabé dodecasílabo)
He creído que no me pasan los años.
Algo que solo sentimos los extraños.
De pie en el bus miro a una adolescente.
Ofrece el puesto a un anciano decente.
«No, muchas gracias». La niña se resiente
y ofrece luego a otro señor presente.
«No, muchas gracias», le responde el descrito.
La niña, entonces, en un gesto bonito,
insiste su gesto en otros aledaños.
Me dice: «Usted, señor». Me niego sonriente.
«Ah, no lo ofrezco más. No hay otro viejito».
Arrugas del debate
(Jotabé)
Combatió las ideas del rival
con todo lo que bien, le supo a mal.
Se burló de sus risas, de sus canas,
del caminar pausado, de sus ruanas,
de muchos seguidores, sus hermanas,
de sus ralas cortinas, sus ventanas.
En los debates de crucial piquiña
cubrió su juicio en actitud lampiña
desvelando su anónimo tamal.
Nunca pudo ocultar las cartesianas
arrugas de su arada fanfurriña.
Luces del recuerdo
(Jotabé)
Sembraste sin querer tristes lamentos
nublando de pesar mis pensamientos.
Bellos recuerdos velan mi tristeza:
aquellos que restauran tu nobleza,
aquellos que redimen tu entereza,
aquellos que liberan tu franqueza.
Mis espacios de témpano vacío
no habrán de fenecer en yerto frío.
Vivirán al calor de los alientos
que mana tu memoria en fortaleza.
¡Vivirás en mi ser, hermano mío!
Extravíos de la brújula
(Jotabé)
¿Papá: a qué lado está la verdad?
Confuso, el hombre, mira la ciudad.
Al norte, en el techo, está Desunir.
Al sur, en el piso, está don Mentir.
Al oeste, a izquierda, Constreñir.
Al este, a derecha, don Confundir.
Años lleva en el mundo y orbe loca
y siente en la pregunta cruenta broca.
Descubre el niño en su cuestión crueldad
y una gran piedra toma del nadir.
«Buscaré la respuesta en esta roca».
Aires de regreso
(Jotabé)
Nos pone el universo a disfrutar
bellos seres de hermoso trasegar.
Siempre elegante, mona, decidida
a entregar los saberes en la vida,
a reír pese a sal sobre la herida,
a buscar en lo adverso la salida.
Nunca puso a su fe velo y cortina
ni fue su enfermedad furia Divina.
Pasaron años y años para dar
un parte de victoria merecida.
¡Qué bueno que hoy respiras, Flor Marina!
Fiesta en las alturas
(Jotabé)
«El que yo conozco las sabe todas.
El que tú conoces sabe de jodas».
Entre furias y vacuos argumentos
se van esfumando buenos momentos,
se alteran aprisa los sentimientos
y rápido escalan distanciamientos.
Los otros, traje, corbata y anillos,
ocultos dialogan en los altillos.
Se abrazan, se besan, se cantan odas
viendo que abajo los nobles jumentos
pelean llenando ajenos bolsillos.
La inercia cobra
(Jotabé)
Vas en un bus mirando a lado y lado
pasar árboles, aves y ganado.
Todo se mueve al invisible viento.
Un hombre de pie se nota contento
mirando las aves en movimiento.
Ahora, cuenta plata, desatento.
Al cancelar el pasaje y el flete,
sale volando cual brioso cohete.
Tú reflexionas: el bus ha frenado
y el tipo ha volado. ¡Descubrimiento!
La inercia te rapa todo el billete.
Gafas de carne ajena
(Jotabé eneasílabo)
Sentado en mi silla en platea
me ocurrió qué cosa tan fea.
Veía expresarse a mis nietos
que habían vencido los retos
de danzar en grandes aprietos.
Mientras movían esqueletos,
la dama de grasas en cero
delante de mí, soy sincero,
se alzó a grabar la corea.
No pude ver mis pizpiretos,
nublados por regio trasero.
Ofrenda de cuerpo y amor
(Jotabé)
Dale de tu mano brioso calor,
dale de tu piel espeso sudor.
De tu pecho, dale el fiel corazón
vibrando a la par de un trago de ron.
De tu boca, elíxir de la pasión
que devela ansiosa su camisón.
Dale de todo: tu cuerpo y el mar,
tus voces, tu aliento, cálido lar.
Que nada limite el dulce sabor
que mana aceitoso el rítmico son,
dispuesto ante todo al arte de amar.
Colores invidentes
(Jotabem)
«¡Rojo!», dicen los del norte.
«¡Azul!», otros cual resorte.
«¡Café!», dicen los de atrás.
«¡Verde!», asegura Caifás
y «¡Blanco!», dice Tomás.
«¡Invisible!», los del gas.
En tal relatividad
ocultan la fiel verdad.
Y yo, perdiendo hasta el porte,
olvidando ser un as,
pierdo también la bondad.
Vientos del alma
(Jotabem)
al amigo poeta Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche
Querido amigo: los vientos
que te aúpan sentimientos
son los mismos que en nobleza
te trasladan la entereza
de los pies a la cabeza
y te erigen en grandeza.
Esos vientos de inquietud,
de cultura y plenitud,
que a tus versos dan alientos,
junto a Dios, máxima Alteza,
te darán pronto salud.
Recluta desobediente
(Jotabem)
«No mi cabo, yo no cabo»;
le dijo también: «No sabo»,
el recluta al superior
cuando el hombre mandador
por un hueco, sin temor,
le ordenó ser agresor.
«Di quepo». «Más bien me trepo».
«Bruto sos. ¿Te pongo el cepo?».
Entre las piernas el rabo
respondió a su señor:
«No, yo no cabo, mi quepo».
¡Dispénsala, Señor!
(Jotabea)
El Dios de las Alturas, el sanador del mundo,
pone bendita mano segundo tras segundo.
Concede al universo sublimes energías
que en navegar sensible proveen lozanías
al cúmulo de cuerpos de bellas melodías
que abrazan vida eterna de hermosas sinfonías.
Grande es el Dios del Cielo con tal completitud
que amores gigantescos, con cuerdas de laúd,
insufla entre los seres de trasegar profundo,
despierta por sus vidas lustrosas poesías.
¡Señor, a Juan Benito, dispénsale salud!
El recto rumbo
(Jotabé)
Mira al frente; no mires a los lados.
Allí se te derriten los helados.
En el calor voraz de las esquinas
donde las rosas pierden sus espinas
y en los ojos se empañan las retinas,
sólo perviven dádivas mezquinas.
Al frente no verás tus sueños rotos,
frustrarás al que acecha sin sus cotos.
Te dirán que indecisos congelados
morirán sin saberlo entre sus ruinas.
Pero en paz estarán tus sanos votos.
¡Ríe! Como ríe el mundo...
(Jotabem con estrambote)
Me gusta fijarme cómo
ríe la gente hasta el lomo.
Ríe el profe gemebundo,
ríe el rico tremebundo,
ríe el pobre vagabundo,
ríe el cura rubicundo.
Reír es un bien de todos,
los abstemios y beodos.
Y por eso, cuando tomo,
soy risueño inverecundo
alzando patas y codos.
En mis modos
me parece muy bonito
imitar a Condorito.
Cambio de mirada
(Jotabé)
La elegante mujer, alta y hermosa,
perfuma la calle cual bella diosa.
Todos la miran de frente y de lado;
ella prefiere cambiar de costado.
Lame sonriente delicioso helado
que al roce tierno parece apenado.
Decide la dama cruzar la pierna
y en esas eructa con bulla eterna.
Los que antes miraban la bella rosa
posan el ojo en un cuerpo alejado
que humilde transpira belleza interna.
Letal dinero
(Jotabem)
Vivió su infancia conmigo
el bueno y leal amigo.
Compartíamos la vida,
buena música y bebida,
las familias, la comida.
¡Amistad comprometida!
Empezando el mes de enero
vi perderse al tal sincero.
Me había dicho un mendigo
de saberes sin salida:
«Nunca prestes tu dinero».
Cribador de tesoros
(Jotabea)
No solos ni vacíos nos lega el Creador
a un mundo de sentidos y potencial amor.
En él, pese a los baches de vías desquiciadas,
a horribles pesadillas en noches gobernadas,
a campos de jardines con flores deshojadas,
a inviernos anegando las granjas más amadas,
hallamos los motivos, abstractos y concretos,
para burlar miserias, para aceptar los retos.
Tan sólo basta olfato de buen acribador
para escoger las orlas y prendas delicadas
como la gran familia que goza bellos nietos.
Dijeron los mayores
(Jotabea)
En este mundo adverso, de péndulos y ruidos
acecha lo difícil, taladran los quejidos.
Dijeron los maestros: «Sé fuerte, sé valiente
así te duela el alma, también pierdas un diente».
Dijeron los papitos: «No importa, sé decente.
Si te patea un burro tal vez es accidente».
Me dijo mi mamita: «La vida es un farol:
de día no se siente; de noche es un crisol.
Observa las estrellas, afina tus sentidos».
«¿Por qué tú nunca lloras?», me dice mucha gente.
«Si lloro, mi tristeza no deja ver el sol».
Caballero de bolsillo
(3 Jotabems con estrambote)
Parado alerta en la calle
no pierdo leve detalle.
Pasa en auto un ricachón
con alardes de matón
agrediendo al peatón,
pidiendo trato de don.
Lo condiciona la prisa,
ni siquiera una sonrisa.
Tal vez quiera no le falle
el que le debe el millón
y no lo done en la misa.
Con el pelo alborotado
y el ceño muy arrugado,
en el semáforo espera.
Alguien le ofrece una pera,
el hombre se desespera
y esconde su billetera.
Saca del bolso un banano
que traga como marrano.
Con el auto acelerado,
como si nadie lo viera,
tira la cáscara ufano.
El humilde vendedor,
al parecer, un señor,
recupera la corteza
y entre risas y viveza
que no inhibe la pobreza
se la lanza a la cabeza.
«¡Qué tal este corrompido
que ni estudio habrá tenido!
¿Nunca tuvo profesor,
que le enseñara, su alteza,
a no ser tan atenido?».
Es sabido
que tener mucho dinero
no asegura al caballero.
Duro del bolsillo
(2 Jotabems)
Este mundo es de los vivos
que nos dan buenos motivos.
Por ejemplo, si en el bar
alguien no puede pagar
teniendo cómo aportar.
Cuando le van a cobrar
se va para el orinal
mientras pasa el vendaval
de pagar en efectivos.
Se disculpa al regresar:
«Qué pena quedarles mal».
En otra oportunidad,
incluso en la Navidad,
cuida mucho su bolsillo.
Fumando un buen cigarrillo
se hace el dormido el gran pillo
o dice: «Estoy sin sencillo».
En la picada es primero
en engullir con esmero.
Al ser de tal calidad
que nunca pierde su brillo
se le llama goterero.
Letal idea
(Jotabé)
Mi cabeza partida en mil pedazos
no resiste tampoco más porrazos.
Disparados a puntos cardinales,
los fragmentos son bólidos letales
que acaban segregando a los mortales,
invirtiendo sus dones terrenales.
Antes era una lúcida azotea
de prístinos saberes, luz de tea.
Mira aquí, mira allí, a banderazos
desglosaron sus dádivas sociales.
Hoy es víctima inerme de la idea.
Viaje sin sazón
(Jotabé)
Vida mía: no sólo el corazón
te doy si se presenta la ocasión.
En tanto, tú pondrás la algarabía
que mana la feliz geografía
de tu croquis de lúbrica energía
retorcido en la noche y en el día.
También te doy ansioso monumento
que a veces lerdo es gélido tormento.
En este caso, sin probar sazón,
sólo iremos de viaje por la vía.
Yo cargaré transido el fornimento.
Liberación
(Jotabé)
Voy dando tumbos. Me levanto y sigo
abriendo mi universo. No maldigo
ni cedo a guiños de desesperanza.
Mil avechuchos en luctuosa danza
conminan al azul en lontananza
a gris degradación de la esperanza.
Frena mi escudo rendición y ruego,
muta su acero en maternal sosiego.
Algodonado, mi feliz abrigo
cubre mi fe, mi cuerpo y mi confianza
y me libera del eterno fuego.
Luces o penumbras
(Jotabé)
Cada cual ilumina sus senderos
con sus sombras o luz de pebeteros.
Si el éxito anegara tus relatos,
si vivieras el fresco de los gatos,
si escollos no enfrentaras ni alegatos,
serías bello ser de buenos tratos.
Si al contrario, te falta resiliencia
y al prójimo le pides penitencia,
exhibirás tus dones pendencieros
y exigirás la suela en los zapatos
tan blanca como oscura tu conciencia.
¡Gracias, Señor!
(Jotabem hexasílabo)
Me gusta la brisa
que abraza sin prisa.
Me gusta aquel sol
que cual alcohol
calienta mi rol.
Me gusta el buen gol.
Me gusta el calor
que arrecia el valor.
Por todo, en la misa,
sublime crisol,
alabo al Señor.
Hielo a la agresión
(Jotabea)
Un mástil vibratorio de corrugado frente
inyecta en la hondonada de oscuro efervescente
y sísmicos retozos y piel humedecida
cual émbolo azaroso semillas de la vida.
La acción tuvo su inicio con dama enardecida
porque el varón vicioso llegó con la bebida
rozando su garganta, gritando en mal lenguaje:
«¡Ningún paracaídas, jodida vieja, traje!».
Mas, ella, cautelosa, con ánimo decente,
le dijo suplicante, sirviendo la comida:
«¿Cuando termines, viejo, me aplicas un masaje?».
Lección del llanto
(Jotabé con estrambote)
Rendido ya al negligente estudiante
una lección quise darle al instante.
En la oficina estaba el director
y no me quedé como espectador:
«Jefe, le traigo este sabio señor
que no hace tareas ni en borrador».
El hombre lo mira y al regañar
el lloro del niño lo hace cambiar.
Conmovido en la actitud del infante,
«¿le has dicho de tus gustos al tutor?».
«Sí, señor, a mí me gusta estudiar».
Los seres de este lar,
unos, dicen juzgar con la razón;
y otros dicen amar con corazón.
Ríe, aunque sepas
(2 Jotabems)
Le explicó de mil maneras
hasta sentir las agrieras
que por dentro el rostro serio
con cara de cementerio
le imponía cautiverio
sin misterio, sin misterio...
Desde hacía varios meses
el infante en sus reveses
a través de las vidrieras
admiraba el magisterio
de ese sabio hacia sus mieses.
Expectante, hizo la fila
y sin cerrar la pupila
a todo mundo alertó:
dijo a la gente que vio
que el sabio siempre marró
al encarnar lo que habló.
Disimulando la risa
avanzó lento, sin prisa
y como aquel que cavila,
al sabio le preguntó:
«¿Me defines la sonrisa?».
Canas con ganas
(Jotabem tetrasílabo)
Estas canas
sacan ganas
de parlar,
de triunfar,
de ganar...
de vagar.
De salir
a engrupir
veteranas.
No parar
de fingir.
Los huecos de la diversidad
(Jotabé tridecasílabo)
Todos me decían por dónde caminar.
Unos por la arena, lo más cerca del mar.
«Vete por los aires. Puedes mirar el llano».
«Camina en lo oscuro. Conéctate a mi mano».
«Mantén en cuidado. Ve al lado de tu hermano».
«Si vas por la ciudad, mantente bien lejano».
«Anda y mira el campo. Respira su belleza».
«No andes por el campo. Te afecta la maleza».
Luego de los años de diario vacilar,
borrosas decisiones tomo en lo cercano,
lo lejano evado con lánguida tristeza...
Esclavitud del brillo
(Jotabé)
Es el mundo espectáculo que enloda
poniendo lo distinto en rasa poda.
Mirar a los señores en castillos
danzando y exhibiendo sus anillos
es faena que admira lisos pillos.
Dan ejemplo de cómo usar los grillos
y el que mira los luce sanos, bellos;
induciendo a pensar con los cabellos.
Obnubilado por la ilusa moda
que sondea minando sus bolsillos
alardea del cobre sus destellos.
Miradas y caídas
(Jotabé tridecasílabo con estrambote)
Hay miradas sensatas; otras insensibles.
Hay miradas risueñas; otras irascibles.
Entre mirada y mirada gana la prisa
vetando los seres de loable sonrisa.
Mas, otros que observan la lejana cornisa
presienten en ella caricias de la brisa.
Y aunque caen de alturas sopesando el trago
eluden el caos evitando el estrago.
Y entre el ojo que cela en oscuros visibles
y la mente acuciosa, se ríe la risa
de ver el recelo que se tiene a lo aciago.
Limitante lumbago
que a paso acelerado comprime el pescuezo
no alegra el paso largo después del tropiezo.
Mejor vivo que valiente
(Jotabé)
En este mundo de hervidor caldero
al sensato evaporan de primero.
Corre el orbe detrás de valentía,
atajan pénales en portería,
delatan el desmán de la alcaldía,
el cuero pone al sol la mayoría.
En mi risa mordaz y sin misterio,
sensato soy de sacro baptisterio
y cuido mi existencia, caballero,
porque es mejor correr por cobardía
que acudir tan valiente al cementerio.
Fracturas del sosiego
(Jotabé con estrambote)
Lo hermoso es bella manta de jazmines,
rodeada de plácidos cojines.
Vibra el sosiego en cálida ternura,
vive la paz entre la brisa pura,
mueve alegría el ser en su cintura,
besa el amor en celestial dulzura.
Quieto el silencio desde casta aurora,
mueren borrascas donde el ansia mora.
Y cuando el ruido anega los jardines
los pétalos agachan su hermosura
y turbio el colibrí se decolora.
Y si hablas como lora,
espíritus deformes enalteces
que de pronto te ahogan en sus heces.
Verbo sin acción
(Jotabé)
Quien conecta el cerebro con la boca,
dice el pueblo que «jamás se equivoca».
El pueblo enlagunado en emociones
y discursos vibrantes en balcones,
se entroniza en tan santas ilusiones.
¡Dios condene al que aceita corazones!
Ese, tal vez en el estrés del lecho
goza el discurso atravesando el techo.
Mientras, un lego de agudeza poca
concluye viendo el verbo sin acciones:
«¡Falso! Del dicho al hecho hay mucho trecho».
La férrea simiente
(Jotabea)
Decían los mayores retando su conciencia:
ha de llegar el día que cese la violencia.
Los días, meses, años, legaron a mi frente
arrugas pesimistas, el ceño malqueriente.
Mis manos ya venosas, de exhibición un diente,
son huellas de la sangre que baña al continente.
Mi ser ya no resiste las sañas abismales
del triste cotidiano, raíces de los males.
Pero esperanza ronda la dura resistencia
que entre sus genes lleva la férrea simiente
que da vida a los hijos tildados de cristales.
Lección de nobleza
(Jotabé)
La nobleza: valor que de por vida,
mantiene el alma limpia y consentida.
En manos de mi padre, turbadora
noticia de colegio que deplora.
Mala nota me dio la profesora
y quiero dar razón aclaradora.
«El examen final fue de otro grado
y nada dije. Estaba preparado».
Sonriente el viejo, me dice enseguida,
mirada picarona y retadora:
«Al toro manso lo castran parado».
La lógica del vivo
(Jotabé dodecasílabo)
Un noble maestro poniendo pupila
al plato vecino, cavila y cavila...
«Mi buen compañero parece ya un rico;
está silenciado poniéndole el pico
al plato más grande; no al chico platico.
Por puro respeto, ni entiendo ni explico,
quien va por delante así crea que mande
se toma el pequeño». Reclamo que blande.
El otro responde: «Primero en la fila,
¿qué habrías tomado?». «Muy lógico: el chico».
«¡De todas maneras mi plato era el grande!»
Gramática del robo
(Jotabé dodecasílabo)
Conjugan: «Yo robo, tú robas, él roba».
Secreto entre pillos, secreto de alcoba.
Prometen que nunca sabrán de la escena
sabuesos de Estado que husmean sin pena.
Tampoco soplones palabra de arena
que fingen atados a frágil cadena.
El uno y el otro dinero a montones
reciben en bolsas. ¡Qué fieles bribones!
El último llora su suerte caoba,
barrotes lo esperan en gruesa condena
por dar la confianza a los tales soplones.
Tambores, besos y... perdón
(Jotabé decasílabo)
¡Tan tarán tan tan, tarán tan tan!
Tambores de queso piden pan.
Percutantes tambores de queso
protestan al ver mi cuerpo obeso.
Poco importa a mi rostro de yeso.
¡Mua... mua... mua...! Consiento al cerdo preso
de ansioso diciembre en Navidad.
Que vengan tambores de verdad
y ¡tarán tan tan! si soy patán.
Verán que este prófugo confeso,
¡pum pum! no dará, por su bondad.
Entrañas del tamal
(Jotabé)
Hay cosas que en el mundo son violencia;
mas, otras acarician la decencia.
El político endosa sus votantes
como dulces borregos sin cargantes
y ríe de sus santos ignorantes.
Un maestro ilumina a los infantes
y les muestra las áreas del mal.
«¡Jamás deben venderse por tamal!»
Un mundo navegando en la indecencia
de las aguas de turbios gobernantes
se hundirá en el pútrido exicial.
Confesión de altura
(Jotabé)
Te presento, Señor, mis seguidores.
Son tiernos, mansos, casta de pudores.
Cubren mi nombre con leal fiereza,
cambian por buena mi febril maleza,
ven en lo turbio escudo de mi alteza,
su voto dan con singular limpieza.
No observan más allá de los bozales
que impongo en el manejo de sus diales.
Perdóname, Señor: esos señores
ni idea tienen de su fiel torpeza:
facilitan su compra con tamales.
Pobreza en lo mucho
(Jotabé)
¿Tienes más que yo? No estés convencido.
No escucharás mi humillado sentido
buscando cesar la indigna arrogancia
de altivo mirar y voz de pedancia
que mana tu ruin y flaca importancia.
No escondas tu lar, tu acéfala infancia,
en turbios honores, flor de bolsillo;
tampoco el divorcio en pálido anillo.
Muy poco tengo en mi cálido nido,
humilde y feliz en tierna fragancia
y nadie nombra con alias de pillo.
Escupir para arriba
(Jotabé)
Salpican el espacio las salivas
vaciadas por sinuosas narrativas.
Abajo el soñador, cínico hablante,
sonríe y vocifera que adelante
sólo marchan los asnos de tirante
y academia de escuálido estudiante.
Pierde el señor su frágil compostura,
viste traílla indómita en cintura.
Lego en el mundo en ondas disuasivas,
transido de ignorancia el ruin farsante
siente el baño en esputo de la altura.
Reflejos de esperanza
(Jotabé)
Hay días que son el simple reflejo
de un fracturado y sincrónico espejo.
Miramos al patio y vemos la sala,
en vuelo directo inventan escala,
el gato maúlla en traje de gala.
Nunca te quejes; a nadie acorrala
lo adverso de un día. Mira más bien
a Anita y Benito en un santiamén;
pues a la muerte del tierno conejo,
alegrías y luces de bengala
alumbran la unión de Gemma y Rubén.
Miles, calor de familia
(Jotabem con estrambote)
Qué triste queda la casa
cuando se apaga la brasa
que da calor a la estancia.
Se escapa toda fragancia,
se desgonza la elegancia,
se acelera la vacancia.
Juan Benito ante el espejo,
Anita en rostro bermejo
y Gemma que se desfasa,
tan tristes, en resonancia,
lloran su hermoso conejo.
Muy parejo
actuará Nuestro Señor:
prodigará más calor.
Ancestros de mi Rima Jotabé
(Jotabea)
Tuvieron grandes hombres maestros de mi infancia
la clásica mirada de ritmos y elegancia
para enseñar sus gustos por noble poesía.
Pasaron de las coplas de humor y de alegría
a métrica de versos y estrofas de armonía
para instalar sonetos en mi memoria pía.
De ahí vienen los ritmos marciales de croché
tejidos en mis textos que nunca olvidaré.
Y ya en mi edad adulta, gustoso de constancia,
hallé mi paraíso: gozar en la ambrosía
de degustar gran plato de Rima Jotabé.
El abrazo verdadero
(Jotabea)
«¿Sabes cómo se abraza?», me dijo la verdad.
«Se abraza con verdades», dijo la sociedad.
Pensando siempre estuve: «Quedé con la secuela
de rectas expresiones, cumplidos y novela».
Mas, quiso mi docencia la vía paralela
de rígidos abrazos mostrar desde la escuela.
Un verdadero brazo sin músculo te auxilia,
sin normas ni saberes abraza tu vigilia.
La sociedad y escuela pretenden la bondad
pero sus muros grises son muros que la abuela
se salta con amores, con brazos y familia.
El esposo piloso*
(Jotabem)
«Si se quiere divertir
no se le olvide salir
a jugar el dominó
no en Viernes Santo. Si no
perderá hasta a quien lo crió».
A la esposa no escuchó.
Cuando lo vio que llegaba
sin dinero, lo vaciaba.
No dudó en controvertir
el señor: «¿Quien me ganó
en Lunes de Pascua estaba?»
*Piloso (o pilo): en Colombia, se dice de aquel personaje estudioso, comprometido, vivaracho. |