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Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé



Rima Jotabé



Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé en lenguas diferentes al Español

Directorio de Poetas que escriben en rima Jotabé en español
 
 
FERNANDO MONTAÑA LOZANO
 
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Fernando Montaná Lozano

Fernando
Montaña Lozano

El Líbano, Tolima (Colombia)
Reside en Villavicencio, Meta
(Colombia)

Antes de «doctor»

(Jotabem)


A veces sientes que vuelas
o que te lamen las suelas.

Cuando tu orgullo destila
no el aroma de tu axila
ni el sudor del que hace fila
sino el ego que asimila

sólo el título en tu honor,
ten en cuenta, mi señor,

que sin muchas arandelas
junto a tu nombre de pila
nunca pusieron: «Doctor».



Doctor Nieto


(Jotabem)


Nunca creí en agüeros
ni en brujos ni en hechiceros.

Inerte mi indiferencia
no guardaba reverencia
ni a las leyes de la ciencia.
«Si quieres calmar dolencia

di al revés el alfabeto»,
me dijo en reto mi nieto.

Mis dolores lastimeros
con el guiño de la anuencia
se esfumaron en secreto.



La riqueza en la carencia


(Jotabé eneasílabo)


Lleva repletos los bolsillos
mostrando finos calzoncillos.

Baja de pronto la cabeza
y ve a los lados la pobreza
que ríe en toda su entereza.
Mira hacia arriba y su grandeza

de rostro adusto y angustiado
quizá lo deje rezagado.

No es un secreto: los sencillos
gozan la vida en la riqueza
de no tener para el mercado.



Acecho bondadoso


(Jotabem)


La paloma caminaba
mientras alguien acechaba.

La observaba el codicioso
con ojos de bondadoso.
Era un hombre malicioso
y además muy peligroso.

El ave nada tenía;
solo el plumaje vestía.

Echando el hombre la baba
se le lanzó presuroso
cual político del día.



Manjares y joyas de mi casa


(Jotabé)


Tengo en casa envidiable gollería
que a veces se convierte en joyería.

Son tres fresas, tres uvas, tres manzanas,
que en salsas del afecto son lozanas,
me abrazan al tañer de las campanas
llamándonos a misa en las mañanas.

En un instante son la joya fina
brillando de la sala a la cocina.

De manjares o joyas cada día
embellecen la luz de las ventanas.
¡Guarde Dios a mi Martha, Diana y Gina!



Libertad arrinconada


(Jotabé)


Tuve uso de razón cuando nací.
¡Hermosa libertad!, reconocí.

Descubrí que tenía que comer.
Entonces esperar amanecer,
rugosa desazón junto a tener
que el cuerpo alimentar sin depender.

Cercado, sin dinero ni emoción
mi mundo se alojó en un rincón.

Desde allí, cabizbajo lo entendí:
Si no me convertía en mercader
mi inmensa libertad era ilusión.



Santa fortaleza, corazón de fruta


(Jotabé)


Pequeño el mar cuando el coraje enruta
sus recias alas en feroz disputa.

Pequeño el horizonte en los enviones
de entusiasmo febril en las canciones
que hierven en amor las emociones.
Pequeño el universo en oblaciones

al Todopoderoso, eterno Ser.
Pequeño todo en singular dosier

de amor, ternura, corazón de fruta;
de santa fortaleza, de fruiciones
que mana de su seno la mujer.



El rezo de la vecina


(2 Jotabems Entrelazados)


Un pollito se encontraba
agarrado de la aldaba

para entrar a la cocina.
Sabía que la vecina
quería comer gallina
y era común tal rutina.

Cuando el pío pudo entrar,
luego de fijo mirar

vio que un gatito celaba.
«¿Es la señora divina?».
«A ella le gusta rezar».


Mirando el horno de asar
y también para el altar,

curioso el crío notó
que una vasija danzó.
Una pierna a flote vio
y el gatito se sonrió.

Denotando una infinita
candidez, la criaturita,

sin saber dónde buscar,
al gatito preguntó:
«¿Dónde estará mi mamita?».



El entremés de vivir


(Jotabem)


Sólo jugué más parqués
cuando supe el entremés

que ya empezaba a vivir.
Como pelmazo, sentir
que vivir es un morir
sin nada en qué persistir.

Pensionado de mi empresa,
durmiendo vida ya lesa,

para eludir tal revés
y mi mente consentir
inicié juegos de mesa.



Maestra fauna


(Jotabem con estrambote)


«Yo ya los tengo maullando».
«Y yo los tengo ladrando».

«¿Qué se dice, amigo Toro?».
«Yo los tengo en un sonoro
y ejemplar bramido en coro,
casi hablando como el loro».

«¿Y qué dice usted, Jaguar?».
«Yo no enseño en un altar

pero los tengo rezando
para tapar con decoro
sus proyectos de robar».

Enseñar
no es misión de un animal
pero hay humanos…¡tal cual!



Idolatría de la estupidez


(Jotabé)


Este mundo de perros y de gatos
orientado por turbios insensatos

ha empezado a adorar la estupidez.
Desdeña con ahínco la vejez,
critica la lozana lucidez
y admira al que se cree ser un pez.

Falta poco. Esta gente insana y loca
calcará los gruñidos de la foca,

nadará en los charcos como patos
y, por si fuera poco, su ñoñez
ocultará cuando se crea roca.



Póstuma herida


(Jotabé)


Un anciano pensaba que en su vida
jamás recibiría alguna herida.

Llevaba su memoria hacia el pasado
y hallaba que era un hombre afortunado.
En casa siempre tuvo algún bocado,
el dinero no fue turbio pecado

y el amor... claro amor, tan persistente...
Mas... descubrió que no era resistente

el día que ya casi de salida
oyó que en este mundo desbocado
quedaría algún caro dirigente.



La herencia del gallinazo


(2 Jotabems)


Algo se cayó del cielo
y se estrelló contra el suelo.

Un político que vio
hacia el objeto corrió;
en su bolsillo lo echó
y el secreto se guardó.

Pero otro que lo observaba
al parecer preparaba

su jugada sin anzuelo.
Al primero convocó
y en la cena lo alababa.


Cuando el hombre terminó
un abrazo le asestó

para su mano poder
en el bolsillo meter.
La buena de su mujer
nunca pudo comprender.

Un tercero, otro pelmazo,
fingiendo ser un buenazo

resignado pronunció:
«Eso que vimos caer
se cayó de un gallinazo».



Primavera fingida


(Jotabé)


Su arrogancia va encima de los datos
y levita ocultándose en relatos.

Uno más uno, tres; nadie rebate.
Cero a uno el partido es un empate.
Miles de muertos, triunfo en un combate.
Dos torres, rey, contra otro rey, no hay mate.

Por andar exhibiendo su bandera
y fingiendo en su entorno primavera,

no se da cuenta que en los pocos ratos
de juicio nariz bola de tomate
los cercanos le birlan la cartera.



El regreso de la oveja


(Jotabem)


Soy oveja descarriada
que no sigue la manada.

«Oye, oveja», dijo un día
un político de guía.
«¿A qué debo tu porfía?».
«A que en tu infiel fantasía

la vez pasada te fuiste
por un camino de chiste.

Hoy buscando otra tajada
nos llevas por otra vía
y al final... ¡Me convenciste!».



Ser de horas oblicuas


(Jotabé eneasílabo)


Mi sombra, mi versátil sombra,
se estira, se encoge y me asombra.

Elástica cual plastilina
a nada teme. Ni a la esquina
aguda de letal inquina
ni a sospechosa medicina.

Se alía con mi ser fantoche,
no escucho de su voz reproche.

Es mi leal, mullida alfombra,
amiga fiel que en mi rutina
huye al cenit, huye a la noche.



Amorosa puñalada


(Jotabé)


Tú, mi hipócrita amiga de verdad,
no puedo reclamarte lealtad.

Eres del mundo amada medicina;
mucho más en políticos de inquina.
Aman, abrazan, quieren al que opina
y ofrecen en la cena aguda espina.

No deseo que habites mi morada
porque no necesito tu fachada.

Mas quiero que preserves mi amistad
y que nunca a la vuelta de la esquina
me asestes amorosa puñalada.



Señora Coherencia


(Jotabé)


¿A dónde vas, señora Coherencia?
Que nos vuelven jirones a la ciencia...

No te vayas; mantén de corazón
los mejores discursos con razón.
Di en palabras: «Gallinas al galpón»
y al galpón las gallinas en montón.

Censúrales amar a los turpiales
y salir a cazar en humedales.

Condénales con sana vehemencia
asperjar con pletórica micción
los sufragios de amor electorales.



Fuegos de sincronía


(Jotabea)


Friccióname tus besos siquiera en la mejilla
o en esta piel ardiente quemándose en la hornilla.

Que si el calor cimero los poros me evapora
velándome el deseo, pronto vendrá la aurora
de luz condescendiente, de bruma seductora
que en mi tibieza eréctil te inserte en mí, señora.

Ya emergerá la llama de visos irisados
y lenguas juguetonas que aúpe mis pecados.

Entrégame de mano caricias de semilla;
que mi espiral candente no estalle por ahora.
Los rápidos tremores oscilan desfasados.



Plástica del gesto


(Jotabé)


Y llegado el momento de elecciones,
previamente, mentiras por montones.

Aquí, la foto con el carnicero;
ahí, la sonrisa con el portero;
allí, el fiel abrazo al pordiosero
y allá, los chistes con el panadero.

No hay sueño; se condensa la vigilia
en tanto que en hogar se reconcilia

fundiendo el interés con emociones.
En el cielo sentando al pregonero
y en fotos ostentando la familia.



Crimen de mesa


(Jotabé tridecasílabo)


Comía con la mano mirando el afán,
cubiertos al lado, de gentes de champán.

Tenedores, cuchillos, qué gran cantaleta,
eludiendo tal vez los mandatos de dieta,
postergando de pronto carreras de atleta,
y queriendo partir con el alma el planeta.

Cuando ya disfrutaba sorbiéndome el frito
a dedos exhaustos degustando el cerdito,

a la mesa llegó un humano atarbán,
alguien vacío en oficio y gran etiqueta
a exponer que comer con la mano es delito.



¡Resucita mi playa!


(Jotabé tridecasílabo)


Mi blanca sábana, de poros, ondulante,
despierta en la mañana, azuza al caminante.

Humedece los pies que van de vacaciones,
insufla caricias en todos los rincones.
¡Paraíso hermoso de límbicas canciones!
Pero ¡cómo se queja en turbias emociones!

Al caer la tarde sus gránulos maltrechos
me instan a agitarlos, exigen sus derechos.

En rollos salobres mi espuma rebosante
asea mi sábana, alisa sus crestones.
Mi playa hermosa resucita. ¡Sin desechos!



Dulce deriva


(Jotabé)


Llevo en mis ojos lánguida pobreza
y en mis oídos ceras de tristeza.

Palpo los aires trémulo y vacío
y descubro que un cielo es desafío
para mí, que no acojo ni al rocío
y mi hobby feliz es el estío.

Todo mi ser es barca en ensenada
ansiosa navegando tras la nada.

Mas, se acerca el auxilio de la alteza
que viene a salpicar sobre el gentío
porciones de una ilusa mermelada.



El valor de un número


(Jotabé)


Mendrugo humano de camino incierto,
luces oscuras en sombrío puerto,

traje de luces apagadas, rotas,
gestos huraños de espantar idiotas,
dejo orate de enfermas palabrotas,
cabizbajo su paso a cuentagotas.

Nadie lo aborda hasta llegado el día
que pese a su infortunio, en osadía,

se hace a un boleto y en feliz acierto
de números en todas las balotas
descubren que ganó la lotería.



Ineludible fiel


(Jotabé)


En el manual de sórdidos doctores
de saber insensible, de temores,

viaja el mundo frenando la malicia,
deslizando al abismo la codicia,
apretando el resuello a la sevicia,
triturando el abrazo a la avaricia.

Espera como juez final estancia,
respira en la honradez de su fragancia

y canta al universo sus amores:
«Si en la balanza el fiel marca justicia
cae el soberbio, cae la arrogancia».



Un día llamado nieto


(3 Jotabés)

al maestro Juan Benito y Anita


Llegará el maravilloso día
que habrá de respirar mucha alegría.

Un día que amoroso y juguetón
se bañe con su nieto en un platón,
gracioso se le tome el biberón
y baile sin saber un gran danzón.

Un día en que jugando con la gata,
«Abuelo, bésale una sola pata».

Un día de estruendosa algarabía
en que el chico se crea un gran patrón
y en descuido se sorba su corbata.


Un día en que lo invite al ajedrez
y acabe en la piscina como pez.

Un día en que le diga: «Soy atleta».
Y el abuelo detrás, en patineta.
«Abuelito, quiero esta camiseta»;
y el abuelo le compre hasta el planeta.

Un día en que el niño haga travesura
y el abuelo repita la diablura.

Un día que vestido como juez
en cambio de juzgar en cantaleta
celebre del infante su aventura.


Que no se esconda atrás tierna abuelita.
Ella también, que adora la casita

de cartón por el niño elaborada,
con su lápiz de labios decorada,
sus zapatos y medias a la entrada,
la sala con trebejos amueblada;

gozará arrullando una muñeca.
El abuelo, metido en la caneca

de papeles, tendrá pronto la cita
del niño para entrar a la morada
y a su amada besar con una mueca.



La razón enmascarada


(Jotabem)


¡Oh!, hermosa vulgaridad,
ven a mí, por caridad.

Sé, por lo menos, sustento
en el pálido momento
que no permite lamento
al exponer mi argumento.

Sé que no tengo otra vía
al demostrar mi valía

tapando mi cortedad
cuando debato, lo siento,
que insultos y grosería.



Edén oxidado


(Jotabem trisílabo)


La capa
que tapa

la herida
de vida
torcida
se anida

también
en tren

que escapa
y oxida
su Edén.



El miti-miti


(Jotabé)


Este mundo que exige ligereza
no se crea, no nada en la pureza.

Cualquiera dirá: «A mí que me importa
la gente corrupta. Antes me conforta».
A mí no, pues el hecho me transporta
a mi conciencia liberal que aborta.

Un amigo buscando racionar
gran parte del erario, sin pensar

más allá, olvidando mi justeza,
en mi mano dejó toda la torta
y esperó con paciencia el dimidiar.



Tonada del ego


(Jotabem heptasílabo)


No me cambio por nada
siendo todo embarrada.

Cuando cometo errores
digo que hasta señores
que dicen ser mejores
sufren esos horrores.

«La culpa tienen todos»,
digo de todos modos.

El ego es la tonada
de alabar los vapores
hedientos de mis lodos.



Momentos de babor


(Jotabé)


Este fin de semana me sorprende
la turbia oscuridad que luces prende

luctuosas, de dolor y de tristeza
minando corazón y fortaleza.
Una sobrina, faro de nobleza,
una exalumna de especial fineza

y un gran exjefe, fraternal valor,
ponen mi nave en rumbos de babor.

Es serie, racha que la vida enciende
y muestra de los tiempos la certeza
de acudir en finales al Señor.



El falso ruido


(Jotabem)


«Llegó el que va a cantar.
Que se peguen a rezar».

Dice el supuesto cantante
haciéndose el importante
que sólo basta un instante
para acusar al gigante.

Entre pruebas y guarismos
se desvanecen los sismos.

La gente vuelve a pensar
que el delator es farsante:
«Ese es otro de los mismos».



Gratitud interior


(Jotabé)


Siento que vuelo libre como el viento
y nunca me falta el cálido aliento.

Veo el espacio oscuro con prudencia,
rujo furioso en cósmica insolencia
orando a Dios, retando hasta la ciencia
cual si estuviese atado a una emergencia.

Pongo en mis días todos mis amores,
dejo al Señor mis más grandes temores

y en las brisas aflora el sentimiento
de enterrar mi lacónica imprudencia
y dar gracias: ¡Hermosos mis motores!



Voto de lodo


(Jotabem tetrasílabo)


Me acomodo,
sobre todo

al votar
y cobrar.
Suelo dar
y gritar

candidatos
bien baratos.

En el lodo,
sufragar
es de batos.



Tres voces en clamor


(Jotabé)


Morir de amor, lo dice Juan Benito,
es, en su ausencia, el corazón contrito.

Otro muere de amor: Camilo Sesto.
Que «¡Ya no puedo más!», es muy honesto,
«El alma herida» es languidez en gesto,
«¡Melancolía!» es apostar el resto.

«Tu ausencia es mi dolor», dice Bosé.
«Qué es lo que está pasando, no sé».

Los tres mueren de amor, aquí lo cito;
morir de amor no es un papel impuesto.
Lo dice el que lo sufre y lo entrevé.



Mi VAR


(Jotabé)


El VAR, supuesto juez de los partidos,
tiene ojos hacia afuera derretidos

cuando el central y los que lo manejan
a la justicia por billete vejan.
Hermoso es ver los hinchas que festejan
cuando habiendo perdido no se quejan

y aplauden satisfechos a los jueces.
¡Oh!, mi VAR interior, tú te pareces

al del fútbol. Mas tienes los sentidos
como vidrios de entrañas que reflejan
todas las luces para bien, que ofreces.



Beoda omnisciencia


(Jotabem pentasílabo)


Yo lo sé todo,
aunque beodo.

Soy analista,
confeccionista,
basquetbolista,
articulista.

Nada me falta,
nada me asalta.

Pongo entre el lodo
al dogmatista
que me resalta.



Rosas y hienas


(Jotabem bisílabo)


¡Feo!
Veo

nenas
plenas,
venas
llenas,

rosas
sosas.

Leo:
hienas
liosas.



El sonido de la sensatez


(Jotabem)


Puso una gallina un huevo.
Otra dijo: «Dos ya llevo».

Y respondió la primera:
«Yo trabajo a mi manera».
Intervino una tercera:
«Yo los pongo en la escalera».

Un mono que las oía,
entre tanto concluía:

«Con la primera, me atrevo,
me quedo. No es tan ligera».
Y sensatez le veía.



El bonito dirigente


(Jotabem)


Un diligente conejo
ya casi llegando a viejo

le expuso a toda la gente:
«Yo no soy tan inocente:
hay que ser inteligente
para ser buen dirigente».

El león desde las tejas,
acostumbrado a las quejas,

presidente del concejo,
gritó con gesto imponente:
«¡Tiene largas las orejas!».



Ídolos del ruido


(Jotabé)


Los señores que pintan maravillas
han hecho de este mundo pesadillas.

Se inventaron seguir a los famosos,
aquellos de la tele escandalosos
de calvo aporte y músculos ruidosos,
amores vacuos y ósculos brumosos.

¿Quién más si no el cerebro acalambrado
aplaude con pasión desvergonzado?

Las neuronas que traen las natillas
quisieran pregonar que estos dichosos
son mesías de un mundo liberado.



La enjalma de cada cual


(Jotabem)


Para el mundo de sufrir
si dejamos de mentir.

En un alegre momento
a un subalterno contento
le dije que yo no miento
y es mi noble sentimiento.

De medio lado mirando
se rio y acabó mofando.

Acabé por inferir:
«Piensa una cosa el jumento
y otra el que lo va enjalmando».



El justo negocio


(Jotabé)


Hombre pequeño de gran corazón
era mi padre en su noble visión.

Quiso legarnos la opción de surgir
leyendo, estudiando y poco dormir;
y fiel lo cumpió, pudiendo decir:
«El triunfo llega después de exigir».

Era prudencia de corta estatura,
jamás nos vistió de opaca censura.

El viejo Marcelo en sana intención,
hizo negocio al lograr invertir
difíciles pesos en la cultura.



Sendero resbaloso


(Jotabé con estrambote)


Eres flor, densa calma de la noche,
caminando tranquila, sin derroche.

Seres alados, calmos, luminosos,
destilan rayos por tu ser, hermosos.
Luciérnagas de vuelos silenciosos
alumbran tus senderos resbalosos.

Andas suave entonada con la grama,
en tanto que mi voz tierna te llama:

«Se abrió tu blusa; ¿te aseguro el broche?»
Callas, corres. Tus pétalos medrosos
van al suelo y deslizan con la lama.

Mi bella, hermosa dama:
olvido el broche. En cálido embeleso
te doy la mano y te dibujo un beso.



¡Qué...! ¿No te mueves?


(Jotabem)


Pegado a la alfombra, inerte,
no te mueve ni la muerte.

Respiras en la alabanza,
hueles flores en la danza,
los ritmos son tu loanza.
¡Pero no pierdes la panza!

El mundo es bola de fuego
que no respeta labriego,

las piedras ruedan a suerte
y pierde toda bonanza
cuando te chuzan el ego.



Sal de la vida


(Jotabé)


Me escapo a un pueblo de redes y viento,
ya el cuerpo lo presiente, estoy contento.

La sal me muerde los labios de amar,
los botes duermen atados al mar,
la noche viene cargada de azar,
ya llegan todos, hay que celebrar.

Las gaviotas se disputan la vida,
la mesa puesta, la copa servida.

Hoy soplo las velas, vaya momento,
mis años brillan, los quiero brindar,
ninguno falta de esta despedida.



Exógena culpa


(Jotabem)


¡Dale! ¡Dale para el lado!
Dale, pero ¡ten cuidado!

Dale a la izquierda primero,
luego al centro con esmero
y a derecha cual cochero
que conduce hasta el potrero.

Que el carruaje quede estable.
Si recula, ¡lamentable!

¡Diestra primero, atontado!
Nunca haces caso. ¡Cerrero!
¡Eres más que irresponsable!



Aún canta la esperanza


(Jotabea)


Ya viene la justicia, se acercan los gloriosos
destellos en la cima de fuegos jubilosos.

Entre la oscura estancia las rutilantes lunas
ya avivan los sentidos, mitigan las hambrunas,
verdades inmanentes desvelan aceitunas,
la voz liberadora resuena en las tribunas.

Ha de llegar el día sin noche triste en vela
en que la luz celeste redima con su estela

y acariciando justos senderos luminosos,
y en brisas y canciones y arrullos en las cunas,
la libertad cobije la amada Venezuela.



El Hermano Roque Casallas


(Jotabé)


Hombre de Dios, sendero de humildad;
era el Hermano Roque probidad.

Con adecuado traje de campaña
en lento caminar iba a la entraña
de Casa Vieja aún con su cabaña
y amaba el campo en actitud tamaña.

Tomó la ciencia en toda su entereza,
entregó sus saberes en nobleza,

plasmó su huella en la comunidad
y en el hermoso pie de la montaña
sembró su amor por la naturaleza.



La evolución del lobo


(Jotabé con estrambote)


Entra el lobo feroz al edificio
recordando que es parte de su oficio

el tragar las ovejas en manada.
Ensaya sus colmillos en la grada
y ¡sorpresa total! La dentellada
le descubre un olor a mermelada.

Un, dos, tres, cuatro pisos de auditor,
ya no quiere las carnes. Es mejor

husmear dónde mana el orificio
que reparte la cálida tajada
y al ingenuo evapora su pudor.

A tal depredador,
dicen todos: «Se le corrió la teja».
Él, orondo, se pone piel de oveja.



Modales de lobo


(Jotabem)


Aulló el lobo feroz
mientras comía el arroz.

Atragantado, maldijo
hasta su propio escondrijo.
«Iré por el entresijo
donde se oculta el que elijo».

Allí, detrás de una reja,
el elegido lo fleja

con ganchos de pulcra voz:
«Podrás ya tragar», le dijo.
«Ponte este traje de oveja».

 
     
 
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