
Aníbal José
García Espinoza
San Félix De Guayana, Edo. Bolívar (Venezuela)
Reside en Manaos (Brasil)
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En su lugar
(Jotabé eneasílabo)
No lo puedo llamar amigo,
aun estando siempre conmigo.
Por eso nuestra relación
es para comunicación,
escribir versos por montón
también buscar información.
A veces quiere dominar
con su manera de engañar.
Pero su juego no le sigo,
la gente merece atención:
el celular, en su lugar.
Estás aquí
(Jotabé decasílabo)
No comprendo por qué estás aquí,
yo, que tantas veces te ofendí.
Mi cuarto no es un digno lugar
donde tu presencia pueda estar;
la noche no quiere terminar,
sigues tocando, quieres entrar.
¿Por qué, Señor, tú no has desistido,
si sigo siendo un caso perdido?
Mas tu misericordia es así:
sé que nunca me vas a dejar
hasta que todo sea cumplido.
Mas ahora veo
(Jotabé decasílabo)
Al ver un ciego de nacimiento,
detuvo sus pies por un momento.
En la tierra el Maestro escupió
y lodo con sus dedos formó;
en los ojos la mezcla aplicó.
«Ve a lavarte al estanque», ordenó.
De sombras amargas era reo,
mas le dio esperanza el Galileo.
Volvió con el corazón contento.
«¿No era el ciego?», alguien preguntó.
«Yo era ciego, mas ahora veo».
Mi Dios proveedor
(Jotabé tridecasílabo)
El gigante financiero me desafía,
se burla sabe que vencerlo no podría.
Mi salario no es armamento suficiente,
el pequeño ahorro se queda deficiente;
por más que con alguna estrategia lo enfrente,
él viene contra mí como un río creciente.
Luego recuerdo que tengo un gran Salvador,
aun teniendo bien poco, me hace vencedor.
Y el gigante se desmorona cada día
por la bondad infinita del Dios viviente,
que en todo tiempo ha sido mi proveedor.
Como yo
(Jotabé decasílabo)
En mi rabia no te quise hablar,
tus pasos dejé de acompañar.
Y te quedaste atrás, meditando,
o tal vez, en silencio, llorando,
sin saber lo que estaba causando;
tu cariño estaba despreciando.
Ah, no sabes cuánto he lamentado,
era para estar siempre a tu lado.
Nadie sabe lo que va a pasar,
hoy mi hijo se marcha caminando,
como yo te dejé, padre amado.
El último poeta
(Jotabé tetradecasílabo)
Tantas cosas que veo en esta generación,
que me pregunto, meditando con atención.
¿Será que al final falló la generación zeta,
y la alfa se perdió en una vieja ruleta?
¿Aún veremos arte en la generación beta,
o morirá en la plaza el cantor, el poeta?
¿Cómo es que la humanidad está tan decadente?
Se muere el legado de la generación puente.
Si soy el último poeta, ¡qué situación!
Entonces, sembrar poesía será mi meta;
tal vez siga mis pasos algún sobreviviente.
Te necesitamos
(Jotabé dodecasílabo)
Qué difícil es encontrar tu figura,
no me refiero a la de aquella escultura.
Llaman al lugar la casa del Señor,
mas no se siente la llama de tu amor,
y no encuentra descanso el ser interior,
palabras vivas que curen el dolor.
Desmayan las almas llenas de ansiedad,
solo se predica de prosperidad.
Jesús, te necesitamos con premura
guíanos con tu cayado, buen Pastor,
necesitamos tu luz y tu verdad.
Gracias, amigo
(Jotabé)
Tú no estabas listo para enseñar,
yo no estaba listo para escuchar.
Me viste andar de un lado a otro lado,
las decisiones que había tomado
fueron cual espinas en mi costado,
y en cada camino era atribulado.
Fui a parar en un suelo extranjero,
tú querías que fuera pasajero.
Lo que podías hacer era orar;
ya ves, amigo, Dios te ha contestado:
una luz iluminó mi sendero.
Época dorada
(Jotabé decasílabo)
Y mi alma se quedó apegada
a una época que fue dorada.
Melodías que me hacen vibrar
y bellos momentos recordar,
baladas eternas para amar
y boleros que me hacen soñar.
Poemas que tenían pasión,
la felicidad hecha canción.
Y por eso mi alma enamorada
siempre me pide para cantar
cuando llora o ríe el corazón.
Sueños en las trincheras
(Jotabé dodecasílabo)
Sueños que se quedaron en el bolsillo,
fueron apagados por el vil gatillo.
En las trincheras no hay dicha verdadera,
se nubla la esperanza de quien espera
que la promesa que dejó se cumpliera
y al lado de su amor vivir su quimera.
La bala asesina no tiene piedad
y siempre acaba con la felicidad.
Si al otro lado existiera algún castillo
donde esas almas vivan su primavera,
un amor que dure por la eternidad.
Belleza con pudor
(Jotabé)
Se luce mi reina con su vestido,
parece un bello jardín florecido.
Belleza acompañada de pudor,
y cuando va a la casa del Señor,
se coloca un rundel multicolor
que le da ese destaque encantador.
Eso siempre me causa admiración:
la sencillez de su gran corazón.
Y con ella me siento agradecido,
la llevo de la mano con honor;
juntos somos una gran bendición.
Soy
(Jotabé decasílabo)
Soy la noche que nunca brilló,
pues la luna de mí se escondió.
Soy tierra que quiso florecer,
pero la lluvia no vi caer,
tampoco el pasto pudo crecer;
tan solo polvo cubre mi ser.
Soy como el poema despreciado,
como el viejo libro abandonado.
Soy aquel que siempre lo intentó,
mis pies se cansaron de correr;
llorar y sufrir es mi llamado.
El Cristo Redentor
(Jotabé tridecasílabo)
Sobre la montaña se ve con esplendor,
de brazos abiertos, el Cristo redentor.
Obra magnífica, de gran envergadura,
bello diseño, orgullo de la arquitectura,
en Francia se forjó parte de su estructura,
un mosaico especial reviste la figura.
Mujeres fueron parte de su formación,
escribieron oraciones con devoción.
Suben los peregrinos con mucho fervor,
para elevar una plegaria a la escultura,
que también esconde el Sagrado Corazón.

El recuerdo de un amor
(Jotabé)
Su mente nublada se estremeció
cuando aquella melodía escuchó.
Y aunque ya no podía recordar,
por un momento pudo susurrar
la música que solía entonar
junto a la mujer que lo supo amar.
Igual que su memoria, ella se fue,
aunque aún imagina que la ve.
Y de nuevo su mente se durmió;
las lágrimas no pudo controlar,
en silencio a su lado me quedé.
Sobre algodones
(Jotabé dodecasílabo)
Cerró sus ojos y se dejó besar,
su primera vez la pude imaginar.
Lentamente se deslizó su vestido,
su piel reveló el jardín escondido,
la entrada mágica a lo desconocido,
donde el tiempo veloz se queda dormido.
Y despacio, con todo a nuestro favor,
sobre algodones hicimos el amor.
En la aurora, con miedo de despertar,
tal vez era solo un sueño lo vivido;
todo era real a nuestro alrededor.
El fiel predicador
(Jotabé decasílabo)
Cada tarde era su fiel rutina,
hablar de Dios en aquella esquina.
No buscaba aplausos ni grandeza,
la cruz era su mayor riqueza,
y sufría al ver tanta dureza,
decía la verdad, con firmeza.
Pasaron los años, y seguía
en el calor o cuando llovía.
Y con fe la semilla germina,
florece en medio de la maleza,
dando al predicador alegría.
Al fin
(Jotabé)
Hubo un tiempo gris cuando me tocó
salir de casa, mi padre murió.
Como una bola al vacío rodé,
con extraños y familias moré;
entre ellos mucha angustia soporté,
en soledad mi llanto derramé.
Quería tanto tener un hogar,
unos brazos sedientos para amar.
Después de tanto, ese día llegó;
el bálsamo en unos labios hallé;
en su pecho al fin pude descansar.
Fingimiento
(Jotabé eneasílabo)
Perdón, no pude resistir;
tenía que verte al salir.
No quise arruinar el momento
y despertar el sentimiento
que aún guardas con fingimiento;
me amas a gritos, lo presiento.
Es que no se puede olvidar
al que de verdad supo amar.
Y esta noche vas a mentir;
aun siendo de oro el aposento,
mis caricias vas a extrañar.
Vivir o morir
(Jotabé tridecasílabo)
Si pudiera de nuevo encontrarme con él,
le diría que nunca dejara el pincel.
Que continúe pintando alguna sonrisa,
corriendo descalzo, acariciando la brisa;
que disfrute cada instante sin tanta prisa,
y que no tenga miedo si su alma improvisa.
Que viva; pues nada es como lo planeado,
siempre acontece algún evento inesperado.
Tal vez hubiera evitado la dura hiel
y ese debate que tiene mi alma indecisa:
vivir o morir, todo parece acabado.
Esencia compartida
(Jotabé Contera dodecasílabo)
El amanecer era maravilloso,
los ríos, las montañas, todo era hermoso.
Mas, al surgir la noche serena y fría,
una pequeña angustia su alma sentía;
todos tenían alguna compañía,
pero de su misma carne no existía.
Es que parece sin sentido la vida
si no existe alguien para ser compartida.
De repente, en un amanecer hermoso,
serena apareció la que no existía,
dando sentido a su esencia compartida.
Murió su vuelo
(Jotabé)
Se vistió de soledad la nidada,
aquella tarde no llegó su amada.
Y su canto se cubrió de tristeza,
no comprende por qué tanta vileza;
llora el carricero entre la maleza,
pide justicia a la naturaleza.
Vuela solo buscando algún consuelo,
aunque estar con ella es su gran anhelo.
Ya no tiene sentido la alborada
donde ella lo encantó con su belleza;
en la llanura se murió su vuelo.
Ama sin miedo
(Jotabé tetradecasílabo)
Existe un amor que no se puede confundir,
es un amor que la Biblia suele describir.
En sus escritos, Salomón pudo declarar:
en todo tiempo al buen amigo debes amar;
cuando llegue la aflicción, contigo va a estar;
como un hermano, en su hombro te podrás refugiar.
Con ideologías el amor se aprisiona;
y la muestra de afecto, la gente distorsiona.
A pesar de todo, nada nos puede oprimir;
ve abraza, besa y ama sin miedo a entregar
lo mejor, no te rindas si el hombre decepciona.
Tu mundo de mariposas
(Jotabé decasílabo)
Hoy te veo y me pongo a pensar
en lo que tú solías contar.
Siempre en tu mundo de mariposas,
haciendo mil preguntas curiosas;
hasta las piedras eran grandiosas,
te divertías con pocas cosas.
Mas creciste y tu mundo cambió,
tu jardín de sombras se cubrió.
Hoy te veo y no quieres hablar,
caminas por sendas peligrosas;
triste, a donde el vicio te llevó.
Una sonrisa
(Jotabé)
Y mientras el tiempo corre de prisa,
entre los escombros, una sonrisa.
Esperanza que el miedo desafía,
aun cuando el corazón ya se partía;
pero desistir nadie pretendía,
la inocencia transmite valentía.
Fabiana, tu risa el alma nos besa;
eres el símbolo de una promesa.
Porque Dios en sus planes no improvisa,
y del dolor brota la poesía;
su palabra vacía no regresa.
La juventud y la vejez
(Jotabé eneasílabo)
Frente al tablero de ajedrez,
la juventud y la vejez.
En una rápida jugada,
avanza bien determinada
a dar la primera estocada.
¡Ah, juventud, siempre confiada!
La vejez jamás improvisa;
el que sabe no tiene prisa.
A pesar de su intrepidez,
la juventud queda humillada.
¡Ah, la vejez siempre es precisa!
Corazón entregado
(Jotabé decasílabo)
Siete demonios ella tenía,
al ser libre, al Maestro servía.
Como fiel discípula a su lado,
siempre con corazón entregado,
sin temor a su oscuro pasado,
pues Jesús la había perdonado.
Cuando aquel triste día llegó,
hasta la muerte lo acompañó.
Fue al sepulcro cuando amanecía,
con fe en lo que había declarado,
y en el huerto a su Rey encontró.
Seres extraños
(Jotabé)
Nuestro amor ya no tiene olor a rosa,
entró en una ruta peligrosa.
Hace tiempo que ya no nos besamos,
ni al despertar los buenos días damos;
y cuando a casa los dos regresamos,
como seres extraños nos tratamos.
¿Qué fue lo que tomó nuestro lugar?
¿Dónde murieron las ganas de amar?
Y callamos la verdad dolorosa:
que, estando tan cerca, nos separamos,
mas ninguno decide terminar.
Entre los escombros
(Jotabé dodecasílabo)
Entre los escombros renace la vida,
el alma a la fe se mantiene adherida.
La luz penetra entre los muros caídos,
entre el silencio se escuchan los gemidos;
corazones que parecían perdidos,
y voces de ángeles llegan a oídos.
La fuerza solidaria, a todo pulmón,
entre peligros contiene la emoción.
Porque cuando nuestra patria es sacudida,
también nuestros sentidos son conmovidos;
salvar vidas es la única misión.
Garras infernales
(Jotabemo Espejo)
Recuerdo bien aquella sala fría
del rancho donde mi infancia dormía.
Una noche un ruido me despertó
y mi vieja hamaca se estremeció;
unas garras sus fibras arañó
y todo mi ser se paralizó.
A mi padre llamé desesperado,
le dije que el diablo había llegado.
Mas infelizmente nadie creía;
—era el gato— mi papá comentó;
y por varias noches fui aterrado.
Mas una noche, ya traumatizado,
miré que una imagen se reveló;
a mi propio padre se parecía.
Por un momento me sentí calmado,
por fin estaba seguro a su lado.
De repente la imagen se borró,
el astuto fantasma me engañó,
y otra vez mi cuerpo se aceleró;
las garras por la hamaca paseó.
¿Qué era? Me pregunto todavía:
¿un ser maligno o tal vez brujería?
Descansen en paz
(Jotabé)
Ruego, si ven que me toca partir,
que nadie insista, me dejen morir.
Al fin se irá mi vida desgraciada,
pues me torné una carga pesada,
y, como pueden ver, no guardé nada;
ni siquiera la tumba está cavada.
Sé muy bien qué susurra la conciencia,
es aquí donde pesa la existencia.
Aunque ustedes no lo quieran decir,
se puede ver su mirada cansada;
sin duda habrá descanso con mi ausencia.
Lámparas vacías
(Jotabé tridecasílabo)
Que mi lámpara tenía aceite pensé,
en mi orgullo vacío estaba y me apagué.
Mensajeros anunciaron que Tú venías,
que a los preparados en uno juntarías;
tuve miedo en oscuridad me encontrarías,
y aceite busqué por todas las cercanías.
De tanto rogar, un poco pude encontrar,
mas no fue suficiente para iluminar.
Es que en los caminos por donde caminé,
como yo, solo encontré lámparas vacías,
vidas engañadas sin nada para dar.
Un llanto temprano
(Jotabé decasílabo)
Sobre un pequeño jardín de rosas,
descansan en paz almas preciosas.
Se fueron por un breve momento,
cada paso y suspiro era lento,
y gritaban por mamá al viento,
sin saber que era vano el intento.
Y quedó manchado aquel verano
por un acto vil y deshumano.
Se ven sus miradas silenciosas,
dolor grabado en un monumento;
se puede oír el llanto temprano.
Nota:
El pasado 10 de junio de 2026 se cumplieron 84 años de la masacre del pueblo de Lídice. En honor a sus niños, escribí este poema.
Pasos encadenados
(Jotabemo Espejo)
Sus pechos ardientes y delicados,
querían a gritos ser apretados.
Mientras que finamente me miraba,
sus manos por su cuerpo paseaba;
sin decir nada, mas su piel gritaba,
pude percibir que ella no jugaba.
Entré en las garras de su fantasía
y mismo sin tocarla, la hice mía.
Salió del lugar con pasos mojados,
seguí cada gota que destilaba;
al verla, no era lo que parecía.
Mi cuerpo al instante se estremecía,
en el sendero de la muerte estaba,
donde los insensatos son llevados.
Si era placer, en casa lo tenía;
si era miedo, estaba su compañía.
Y por buscar lo que no me faltaba,
acabé perdiendo lo que me daba;
sentada a la mesa ella me esperaba,
dormida casi siempre la encontraba.
Hoy mis pasos están encadenados,
mis errores no fueron perdonados. |