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Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé



Rima Jotabé



Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé en lenguas diferentes al Español

Directorio de Poetas que escriben en rima Jotabé en español
 
 
ANÍBAL JOSÉ GARCÍA ESPINOZA
 
Poemas página 2
Poemas página 3
Poemas página 4
Poemas página 5
Poemas página 6
 
Aníbal José García Espinoza

Aníbal José
García Espinoza

San Félix De Guayana, Edo. Bolívar (Venezuela)
Reside en Manaos (Brasil)

La pasarela

(Jotabé)


Y cuando llegue aquella noche fría,
cubriendo de sombras la poesía.

Cuando el corazón deje de sentir
la inspiración que lo hacía vivir,
cuando no tenga nada que decir
y los sentimientos quieran morir.

Cuando la brisa apague ya la vela,
como el cometa que pierde su estela.

Será necesaria la travesía,
cuando ella venga tendré que partir;
cruzaremos juntos la pasarela.



Patria celestial


(Jotabé)


Pronto andaré por las calles de oro,
donde no existe tristeza ni lloro.

Al fin mi alma saldrá del muladar
para entrar en aquel bello lugar
que mi amado Jesús fue a preparar,
para siempre a su lado voy a estar.

Bendita patria celestial dorada,
nada en este mundo a ti es comparada.

Una piedra blanca como decoro,
con mi nuevo nombre para estrenar,
y la corona será revelada.



Habrá esperanza


(Jotabé decasílabo)


Cuando el árbol fuere derribado,
sin vida su cuerpo derrotado.

Su alma en el suelo no quedará,
y la esperanza no morirá,
la lluvia consuelo le dará,
su tronco herido retoñará.

Y si su raíz envejeciere,
en el polvo parece que muere.

De las sombras será levantado,
nuevas ramas con frutos tendrá,
habrá vida para el que creyere.



El clamor de un rey


(Jotabé)


El rey Ezequías, muy convaleciente
recibió un mensaje contundente.

—Morirás —el profeta declaró—;
hacia la pared su rostro volvió,
al Señor con gran fervor suplicó:
«Recuerda mi lealtad», replicó.

El profeta salía del lugar;
Jehová lo mandó a regresar.

—Ve, dile a mi siervo que no lamente
su oración a mi presencia llegó;
lo sano, y quince años más voy a dar.



Ilusión


(Jotabé decasílabo)


Siempre apareces en mi balcón,
despertando otra vez la ilusión.

Me llevas a tu tierra encantada,
donde eres la chica enamorada
que espera con ansias la llegada
del valiente que la hará su amada.

Yo, como siempre, sigo tu juego,
sabiendo lo que pasará luego.

Te irás dejando mi corazón
con una gran espina clavada,
y de nada servirá mi ruego.



Arepa con sardina


(Jotabé)


Muchos buscan una comida fina,
yo prefiero una arepa con sardina.

No de aquellas que vienen enlatadas,
con varios químicos contaminadas;
yo quiero las que del mar son sacadas,
frescas, directo para ser asadas.

Fritas también son una gollería,
con un aguacate de compañía.

Recuerdo que, en la crisis repentina,
fue maná de las almas angustiadas;
no pensé que un día la extrañaría.



Propósito


(Jotabé dodecasílabo)


Cargas pesadas tenía que llevar,
sin preguntar si podía soportar.

Cuando sin fuerzas su paso detenía,
en vez de descanso, azotes recibía;
un trato distinto para otros veía,
hasta el cachorro en casa feliz dormía.

¿Para qué nací?, al cielo reclamó;
mi amarga tristeza, ¿a quién le interesó?

Pero un día lo vinieron a buscar;
nada menos que al Mesías llevaría,
y sintiéndolo en sus lomos comprendió.



La mejor versión


(Jotabé)


Las palabras que brotan de tu ser,
otro universo nos permiten ver.

Llevan una esencia maravillosa,
apacible susurro de una rosa;
mismo sin escribir alguna cosa,
tu belleza es una sublime prosa.

Versos que acarician el corazón,
al pasar la lluvia de tu pasión.

La tierra seca suele florecer,
y no es de más decir que eres preciosa;
del poema eres la mejor versión.



Mi desconsuelo


(Jotabé dodecasílabo)


Una vez me tocó dormir en el suelo,
siendo mi cobertura apenas el cielo.

Las estrellas me hicieron reflexionar
en cómo nuestra vida puede mudar,
y el frío de la noche me hizo llorar;
los brazos de mi esposa pude extrañar.

Estaba fijado que en tierra extranjera
una página con dolor se escribiera.

Y reclamé a Dios por mi desconsuelo;
sin salida, me restaba continuar,
aunque mi vil desgracia no comprendiera.



Panal de ambrosía


(Jotabé estructura)


Amor, nada se compara, lo sabes,
a esos labios tuyos, ¡ah, labios suaves!

Besarlos es mi mayor alegría,
benditos labios, panal de ambrosía;
bello instante que nunca olvidaría,
beso tímido aquel que te daría.

Caminando en la plaza nos reunimos,
¡Cuánta emoción! Vibré, también reímos.

Amor, queríamos volar cual aves;
busqué un lugar donde te amaría
con la gran pasión que los dos sentimos.



Amiga


(Jotabé Alfa dodecasílabo)


Amiga, tú eras parte de mi historia,
bello recuerdo que guardo en mi memoria.

Compartimos juntos tantas alegrías,
diste siempre lo más bello que tenías;
era mágico aquel mundo que veías,
fuimos aventureros, te divertías.

Gracias te doy por enseñarme a vivir,
hay tantas cosas que te quiero decir.

Impido, pero la tristeza es notoria,
juraste que a mi lado siempre estarías,
kilovatios de dolor puedo sentir.



Sequía


(Jotabé)


Trató de volver a lo que antes era,
al niño que amaba la primavera.

Mas el verano astuto lo engañó
cuando de rosa blanca se vistió;
atrapado, su rostro reveló
la suave lluvia desapareció.

No existen flores ni luz de alegría,
tan solo una espeluznante sequía.

Regresar al jardín su alma quisiera,
beber el agua viva que dejó,
cisterna que solo polvo tenía.



Sin armadura


(Jotabé)


Sin pensarlo se quitó la armadura
y se entregó con pasión y ternura.

Quedaron tirados sobre la silla
sus atuendos de Mujer Maravilla;
me permitió mirar su alma sencilla,
la dulce inocencia de una chiquilla.

De tanto luchar estaba cansada,
apenas quería sentirse amada.

Entre mis brazos se sintió segura
y del dolor renació la semilla
que por mucho tiempo fue golpeada.



Silencio


(Jotabé)


Si me callé no fue por cobardía,
en verdad actué con sabiduría.

Pues existen algunas situaciones
que no se calman con explicaciones;
decidí silenciar mis emociones,
sepultar en las sombras las razones.

Cuando la otra parte escuchar no quiere,
peor aún, a su idea se adhiere.

Se desgasta el alma si cada día
hay guerras, debates y discusiones;
la santa paz mi corazón prefiere.



Culpable por amor


(Unión de Jotabejo y Jotabemo)


Me puedes culpar por lo sucedido,
por no tener lo que tanto has querido.

Al cielo alzas tu mirada en protesta
cuando no recibes una respuesta;
lo sé bien, mi silencio te molesta,
gritas: ser probado tu alma detesta.

Cúlpame, en fin, estoy acostumbrado,
llevo sobre mi cuerpo tu pecado.

Por no tener lo que tanto has querido,
gritas: ser probado tu alma detesta,
llevo sobre mi cuerpo tu pecado.


Preguntas la razón de haber nacido,
a la vida no le encuentras sentido.

Entender tu mente no está dispuesta,
se revela tanto orgullo en tu testa;
amas ir en la dirección opuesta,
te pierdes y luego soy lo que resta.

No te dice nada un cielo estrellado;
si ves la cruz sabrás que eres amado.

A la vida no le encuentras sentido,
te pierdes y luego soy lo que resta,
si ves la cruz sabrás que eres amado.



Espíritu anclado


(Jotabé dodecasílabo)


Arena es todo lo que puede sentir;
sueña con surcar el mar, mas no puede ir.

Junto a las palmeras, su espíritu anclado
en la soledad donde fue abandonado;
es apenas un proyecto inacabado,
dicen las gaviotas que lo han visitado.

El tiempo pasa, su cuerpo se podrece,
cual tarde azul que pronto se desvanece.

¿De qué vale existir sin poder vivir,
estar aquí sin amar y ser amado,
como una tierra seca que no florece?



Construyendo en libertad


(Jotabemo con estrambote)


Después de varios años de opresión,
construyendo para el vil faraón.

El pueblo de Israel fue convocado
para levantar un templo sagrado;
todo corazón que fue despertado
atendió con alegría el llamado.

Trajeron las ofrendas sugeridas:
plata, oro, lana, pieles coloridas.

Lino fino, aceite para la unción,
piedras de ónice… todo fue dado
con amor abundante, sin medidas.


Sus dones fueron puestos en acción,
talentos que estaban en represión.

Sin látigo, el oro fue trabajado
y cada utensilio bien diseñado;
un candelabro para el alumbrado,
el incienso también fue preparado.

Las mujeres, bastante decididas,
hermosas cortinas fueron tejidas.

Por primera vez, con gran perfección,
el tabernáculo fue levantado,
donde las almas eran acogidas.


Ofrendas recibidas,
mas la mayor es la del corazón;
pues dentro de él está su habitación.



Jotabemo Espejo Misver dodecasílabo


(Detrás del velo)


Entre querubines su rostro escondía,
una voz que el corazón estremecía.

Detrás del velo, al Santísimo lugar,
solo una vez por año podía entrar
un incensario con brasas del altar
y la sangre inocente para rociar.

La ropa sacerdotal, purificada;
era el momento de entrar en su morada.

El sumo sacerdote al pueblo reunía,
dos machos cabríos para sortear
día de Yom Kipur, hora marcada.


Día de Yom Kipur, hora marcada,
dos machos cabríos para sortear,
el sumo sacerdote al pueblo reunía.

Era el momento de entrar en su morada,
la ropa sacerdotal, purificada.

Y la sangre inocente para rociar,
un incensario con brasas del altar;
solo una vez por año podía entrar
detrás del velo, al Santísimo lugar.

Entre querubines su rostro escondía,
una voz que el corazón estremecía.



Desnuda


(Jotabé)


En su universo un poco confundido,
camina con un hermoso vestido.

Según la luna se lo regaló
un día que perdida la miró;
hasta con lindas perlas lo adornó,
en la orilla del río las halló.

Aunque la realidad, que no muda,
anda por las calles sucia y desnuda.

Y no se sabe de dónde ha venido;
por ella nadie jamás preguntó,
la quieren vestir, mas no acepta ayuda.



Los hijos del bufeo


(Jotabé eneasílabo)


Dicen que el delfin colorado
es un joven enamorado.

Realiza su aparición
para vivir una pasión
es experto en la seducción
siempre conquista un corazón.

Las lleva al río de paseo
se entregan al fugaz deseo.

Mas de una muchacha ha preñado
nunca mas ven aquel varón
llevan: «los hijos del bufeo».

Nota: La leyenda del bufeo colorado o del boto en Brasil, es una leyenda amazónica; la expresión "hijos del bufeo" es utilizada para explicar los embarazos de padres desconocidos.



Rut la moabita


(Jotabemo Espejo dodecasílabo)


A casa se disponía regresar,
le dijo a sus nueras: «Se pueden marchar».

Pero Rut a su lado permaneció,
no la quiso dejar por más que insistió;
a donde tú vayas iré también yo,
tu pueblo será mi pueblo», declaró.

Siguieron llevando esperanza consigo,
llegaron a Belén en tiempo de trigo.

Rut al campo de Booz fue a espigar;
al verla, por la joven él preguntó,
dijo: que nadie la trate con castigo.


Ha llegado en busca de un poco de abrigo,
la casa de sus padres abandonó;
con amor de una viuda quiso cuidar.

Le dijo a la joven: «Quédate conmigo,
pues de tu fuerza y gran bondad soy testigo».

Cuando a casa la moabita llegó,
Noemí, viéndola, se regocijó;
«¿A dónde has trabajado?», le preguntó;
ella de todas las bondades contó.

Al final Booz la quiso rescatar,
en sus brazos ella pudo descansar.



Monstruo


(Jotabé)


Ese momento cuando se despierta,
el monstruo oculto detrás de la puerta.

Fantasma vestido con trapo viejo,
lo puedo ver al mirarme al espejo;
pasados, decepciones, el reflejo
amargo quema como ron añejo.

Y cada vez que trato de escapar,
sus tormentos me suelen alcanzar.

Un grito aterrador que desconcierta,
todo mi cuerpo se queda perplejo;
cuánto diera por ser libre y volar.



Al cuarto día


(Jotabé decasílabo)


Son las doce, no puedo dormir,
ya duran tres noches mi sufrir.

Las diez plagas mi vida alcanzaron,
miles de langostas devoraron
los primeros frutos que brotaron;
en segundos mi campo arrasaron.

Ya son las seis, rayos resplandecen,
mis cinco sentidos desfallecen.

Pero al cuarto día, el gran surgir,
millones de células vibraron,
centenas de huesos rejuvenecen.



La gran selva


(Jotabé 5-7-5)


El Amazonas, lugar exuberante, verde pulmón,
obra perfecta donde fluye la vida con gran pasión.

Las aguas guardan, misterios intrigantes de otros
[ pasados;
especies raras, rincones que no fueron jamás pisados;
flores hermosas, orquídeas y lirios muy codiciados;
la medicina brota de las raíces, frutos sagrados.

Comunidades viven en armonía sin perturbar
a la gran selva; por un árbol caído suelen llorar.

Aunque no falta, la maliciosa mano con ambición,
el Amazonas está siendo invadido: son derribados
árboles grandes y las piedras preciosas son el manjar.



El espanto del abuelo


(Jotabé dodecasílabo)


El abuelo se quedó paralizado
al ver lo que nunca había imaginado.

No sabía si tenía que correr
ante el animal que podía morder,
o tal vez su mano quería lamer,
o, como todo perro, sus pies oler.

Le dijeron que era un *therian* juguetón,
no era para tener preocupación.

Pero el abuelo quedó más espantado,
este mundo raro no puede entender,
se nos dio identidad en la creación.



Soledad en la nidada


(Jotabé decasílabo)


Matar tan solo por diversión
es una afrenta a la creación.

Una piedra malintencionada
arrancó la vida de su amada,
dejando sin canto la nidada,
una soledad desesperada.

No enseñar a respetar la vida
puede hacer del niño un homicida.

La rama, lugar de su pasión,
con sangre pura quedó manchada,
escenario de una despedida.



Experiencia con el mar


(Jotabé decasílabo)


Recuerdo cuando el mar visité,
curioso de sus aguas probé.

Corrí de forma desesperada,
grité fuerte: «¡El agua está salada!»
mi familia dio una carcajada,
inocente, no sabía nada.

Como todo niño entusiasmado,
aquel mal disgusto fue olvidado.

Y con mucho miedo al mar entré,
la ola me dio una revolcada,
pensé que el mar estaba enojado.



El susurro de la muerte


(3 Jotabés tridecasílabos)


I

Va por las calles con su caja de cartón,
esperando la bondad de algún corazón.

Otros niños en la plaza, correteando,
como pajaritos en libertad, jugando;
su alma se quiere unir, mas está trabajando,
reprime las ganas y continúa andando.

Las calles son los juguetes que le tocó,
fue vendiendo que los números aprendió.

Y aunque tal vez exista alguna solución,
mas prefieren ignorar lo que está pasando;
como lo dijo Jesús, el amor se enfrió.


II

Su triste vida es como aquella mariposa,
que en su vuelo no pudo acariciar la rosa.

Nada parece diferente como ayer,
aunque proclamen que es un nuevo amanecer;
se levanta para su mismo quehacer
otro sollozo al ver a los niños correr.

Muchos llevan sus cachorros a pasear,
qué raro, ellos sí se merecen un hogar.

Sigue su sendero, la tarde está lluviosa;
una buena hamburguesa se quiere comer;
la vil necesidad no le impide soñar.


III

Ah, ¿será que algún día mude su rutina,
y al fin pueda salir de aquella fea esquina?

Se le va la existencia sin poder sentir,
el calor de un beso que lo haga revivir;
en su mundo pocos logran sobrevivir.
¿Un milagro al cielo será mucho pedir?

El milagro sería que el hombre despierte,
y no entregue a los inocentes a la suerte.

Que va con sus padres, su espíritu imagina,
y escucha un canto de cuna antes de dormir;
ah, lo que escucha es el susurro de la muerte.



No puedo dimidiar


(Jotabé)


Ella es la luz que siempre permanece,
tú, una sombra que desaparece.

Ella es la viva esencia del amor;
sin miedo entregó todo su primor.
Tú eres solo una pequeña flor,
que muere en la tarde con el calor.

Vete, no necesitas preguntar,
mi corazón no puedo dimidiar.

Sin dudar, solo ella se lo merece;
no soy capaz de causarle dolor.
Ah, sus besos me esperan al llegar.



El pianista


(Jotabé decasílabo)


Con sus manos casi desgastadas,
toca aquellas teclas empolvadas.

Aunque su cuerpo se estremecía,
quería plasmar la melodía;
que susurraba en la celda fría,
tratando de olvidar su agonía.

« Mi corazón tal vez no resista,
mi fe no la perderé de vista».

Las lágrimas no fueron calladas,
de las notas eran compañía;
así, tocando, se fue el pianista.



En mis brazos


(Jotabé decasílabo)


Aquella mañana, al despertar,
mi cuerpo no te quiso soltar.

Había sido un feliz momento
que consolidó el sentimiento;
no fue fugaz cual noche de cuento,
fue real: estás aquí, te siento.

Eres río que el desierto riega,
tierna primavera cuando llega.

Que mis brazos sean el lugar
donde tu espíritu encuentre aliento,
tu piel donde mi alma se sosiega.



Un verso de amor


(Jotabé)


Recuerdo que me contaste una vez,
tus sufrimientos desde la niñez.

No hubo diálogo para corregir;
los golpes no los veías venir.
Algo de amor querías recibir,
nunca un «te quiero» escuchaste decir.

Entonces juré ser tu protector,
un refugio para cualquier dolor.

Herirte sería una insensatez;
sabes que, mientras dure mi existir,
no te faltará un verso de amor.



Aplausos


(Jotabé)


Aplausos para los que aman la vida,
se alegran con la misión recibida.

Aun sin recibir aplausos, se entregan,
y no teniendo nada, no se niegan;
honor a los que aplausos no los ciegan,
a cosas pasajeras no se apegan.

Benditos los aplausos de la madre,
siempre celebra, aunque algún perro ladre.

A los que terminan hoy su corrida
y a la patria celestial al fin llegan,
los mayores aplausos: los del Padre.



El caracol y el cangrejo


(2 Jotabés dodecasílabos)


El caracol y el cangrejo se encontraron,
de cosas de la vida los dos hablaron.

Burlas todos los días puedo escuchar,
por esa manera única y peculiar,
que la vida me dio para caminar;
por lo menos a nadie suelo imitar.

Amigo cangrejo, la gente es así,
ellos también se burlan y hablan de mí.

Mi sagrada lentitud siempre juzgaron;
con mi buen paso, el cielo puede mirar,
hasta ahora ningún detalle perdí.


—Sí, señor caracol, tienen que aprender,
» pues parece que solo saben correr.

» No consigo entender su naturaleza,
» pues muchas veces se visten de tristeza,
» y sus almas mueren sin ver la grandeza;
» de este mundo rodeado de belleza.

—Son sabias sus palabras, señor cangrejo;
» si el hombre pudiera oír nuestro consejo.

» Seguro que podrán al fin comprender,
» que respirar es nuestra mayor riqueza;
» lo demás muere cual sombra en el espejo.



A tu manera


(Jotabé)


Señor, que un corazón endurecido,
no me prive de lo que has prometido.

Por favor, derriba cualquier barrera,
mismo si mi corazón no quisiera,
moldéalo, Señor, a tu manera;
que tu voluntad sea la primera.

Hazme caer a tus pies, quebrantado,
que mi alabastro sea derramado.

No quiero andar entre sombras, perdido,
buscando aquella vida placentera
que solo es real si estás a mi lado.



Olor a viejo


(Jotabé)


Hueles a viejo —al verlo— le dijeron,
feas palabras que no lo ofendieron.

Llevo el olor de los años vividos
y de aquellos caminos recorridos;
olor de los amores recibidos,
también el que dejaron los olvidos.

Llevo el suave aroma de un vino añejo,
el sabio perfume de un buen consejo.

¿Cuántos en esta vida lo quisieron,
mas por la muerte fueron sorprendidos?
¡Ah, qué dicha es poder oler a viejo!



La luz del perdón


(Jotabemo)


Las palabras que dijiste sangraron,
como espinas en mi alma penetraron.

Y lloró mi corazón aquel día;
gritaste que para nada servía,
que mi incompetencia me llevaría
al fracaso y sin futuro andaría.

Mas quise demostrar tu gran error,
y me esforcé para ser el mejor.

Como eco, tus palabras resonaron,
cada vez que al intentar me caía;
mi corazón necesitaba amor.


De tanto vagar, mis pies encontraron,
la luz del perdón y al fin reposaron.

Mi propia esencia se desvanecía,
al querer mostrar que mi alma valía,
pero a mi propio ser no convencía;
por causa de eso avanzar no podía.

Sí, fue en Jesús que entendí mi valor;
en sus brazos consolé mi dolor.

Las heridas del corazón sanaron,
el pasado se tornó poesía,
y la tarde se llenó de color.



Estreñido


(Jotabé)


Decía que era una divinidad,
lleno de toda gloria y majestad.

Pero su poder era interrumpido
cuando su cuerpo sentía el crujido,
queriendo soltar lo ya conocido;
detener las ganas nadie ha podido.

En la mañana, junto al río Nilo,
el que era dios defecaba en sigilo.

Preso en su propio orgullo y falsedad,
en la corte siempre andaba estreñido;
mejor ser humilde y cagar tranquilo.



La viuda de Naín


(Jotabé)


Un gran luto en la ciudad de Naín:
llevaban a un joven a su jardín.

Llora con el corazón oprimido
aquella madre por su hijo querido;
ya no resiste, todo lo ha perdido,
también había muerto su marido.

Pero Jesús a la ciudad llegó
y, al ver el lamento, se conmovió.

«No llores, mujer, aún no es el fin»
tocó el féretro y fue sacudido;
su hijo muerto a sus brazos regresó.



El paralítico de Betesda


(Jotabé decasílabo con estrambote)


En Betesda, almas en sufrimiento,
esperaban el grande momento.

Cuando el ángel celeste venía
y las aguas quietas sacudía,
quien llegaba a tiempo conseguía
el milagro que tanto quería.

Mas en medio de la multitud
a uno se le fue la juventud.

Sus piernas, sin ningún movimiento,
llegar a la fuente no podía;
nadie atendió su solicitud.

Jesús, con gran virtud,
de su estado se compadeció
y al paralítico levantó.



Voz de esperanza


(Jotabé)


Nunca faltará en la noche fría,
en la terrible y nefasta agonía,

Una voz que cante en la soledad,
un sueño que brille en la oscuridad,
un gemido ardiente de libertad
y un mártir que muera por la verdad.

Aun en medio de la devastación,
vibrará la fe en cada corazón.

Entre las sombras, una poesía
será como lluvia en la sequedad,
y olvidará el hombre su aflicción.



Sin pudor


(Jotabé)


A la iglesia fue con gran decisión,
quería transformar su corazón.

Mas su deseo se vio interrumpido
al ver a la líder con su vestido,
un gran tafanario bien exhibido
que lo dejó un poco confundido.

Y cuando al púlpito fue convidado,
ah, no pudo evitar lo imaginado.

Hoy falta pudor en la religión:
¿cómo se arrepiente el hombre perdido
si el templo se mancha con el pecado?



Vuelve


(Jotabé)


Vuelve de nuevo a tocar corazones,
queremos oír tus bellos sermones.

Vuelve a juntar la tierra con el cielo,
que tus pies posen sobre nuestro suelo;
necesitamos tanto de un consuelo,
la vil maldad deja nuestra alma en duelo.

Ah, nada es igual desde tu partida;
en cosas vanas se nos va la vida.

No predican de ti las religiones,
colocaron de nuevo el viejo velo;
muere de frío la oveja perdida.



Capitán verdadero


(Jotabé tetradecasílabo)


Al maestro Juan Benito quiero agradecer,
por guiar este barco aportando con su saber.

Con paciencia, bondad y espíritu consejero,
fue forjado el corazón de cada jotabero;
es, sin duda, un maestro capitán verdadero,
a su obra le dedica tiempo, pasión y esmero.

Que mi Señor le dé las fuerzas para vivir,
y su corazón nunca se canse de servir.

En el año que se acerca, vea florecer,
la Rima Jotabé por todo el planeta entero,
en todos los idiomas que puedan existir.



¡Qué fuerzas tienes!


(Jotabé dodecasílabo)


Te veo desde temprano en tu jornada,
enfrentando el frío de la madrugada.

Son tantas tareas por realizar,
para dejar en buen orden el hogar;
también te alistas para ir a trabajar,
es muy poco el tiempo para descansar.

¿De dónde tienes tantas fuerzas, mujer?
Mi Dios te bendijo con un gran poder.

Realmente tú mereces ser amada
por todo el amor que sueles entregar;
sin ti, el mundo no podría florecer.



Julio Jaramillo


(Jotabé)


La guitarra parecía llorar,
acompañando su voz al cantar.

Un bolero lleno de sufrimiento,
las «Reminiscencias» de un sentimiento.
«No me toquen ese vals», pues intento
olvidar nuestro triste «Juramento».

Así nos cantó aquel pajarillo,
con su romántico verso sencillo.

«Fatalidad» se tuvo que marchar;
mas quedó la esencia de su talento,
Inolvidable, Julio Jaramillo.



Cantando


(Jotabé dodecasílabo)


A medianoche se escucha su clamor;
su cuerpo lo invade un terrible dolor.

Aunque llora, no quiere morir llorando,
tan solo se quiere despedir cantando,
agradecido de la vida y mirando;
el paraíso que lo está esperando.

Una cruel enfermedad, desprevenida,
consume su ser, acortando la vida.

Se encomienda con fe a su Salvador;
aun en la angustia lo continúa amando,
sabe que se irá cuando Él lo decida.



Navidad con responsabilidad


(Jotabé dodecasílabo)


Debemos saber que el calor de un hogar,
es mucho más importante que mostrar.

Entender nuestra real necesidad,
sin dejarse envolver por la vanidad,
cultivando más la espiritualidad;
la vida sigue después de Navidad.

Siempre al final los acreedores llegan,
y las facturas del cartón no sosiegan.

El pesebre debemos con fe mirar,
la estrella que disipa la oscuridad,
esperanza para los que en Él se apegan.



Su gran lección


(Jotabemo Espejo)


En un pesebre dormía tranquilo,
sus padres no encontraron buen asilo.

Fue tal vez la primera gran lección:
después de morar en una mansión,
lleno de gloria, en plena adoración,
estaba entre nos para redención.

En los brazos de José y María,
lleno de cariño, el niño crecía.

Y pasó su juventud en sigilo
hasta el día de cumplir su misión;
por los pueblos su fama se extendía.


Ahora nada más lo detendría:
enseñó la grandeza del perdón,
aunque levantó odio por su estilo.

Admirados por su sabiduría,
una sedienta multitud oía.

La sencillez de su bello sermón,
tocaba las fibras del corazón;
hablaba con poder y convicción;
parábolas llenas de reflexión.

Y tejió un manto de amor con su hilo,
se entregó con pasión y sin vacilo.



Rebelde corazón


(Jotabé tridecasílabo)


Basta de buscar las cinco patas al gato,
es simple: decidamos por lo más sensato.

El gran problema es que siempre soy ignorado;
en ríos de sentimientos has navegado,
por el mismo sendero que nos ha dañado,
y pensar que tal vez se hubiesen evitado.

Siempre prevaleció la fugaz emoción,
adherida a una esperanza sin razón.

Puedes seguir, de nada vale mi alegato;
para sufrir otra vez estoy preparado,
ah, tu nunca aprendes, rebelde corazón.



Sigue firme


(Jotabé)


Si pusiste tu mano en el arado,
mirar atrás no es lo más acertado.

Sigue avanzando llevando el madero,
con la verdad y la fe de escudero;
siguiendo los pasos del buen Cordero,
el cual fue llevado al vil matadero.

La corona es solo para el valiente,
que en la prueba fue fiel lo suficiente.

Mas como la paja será juntado,
aquel que en su fe no fue verdadero;
y con su prójimo no fue sirviente.



Un lápiz pesa menos


(Jotabé decasílabo)


Mi padre habló con mucha insistencia,
siempre de acuerdo con su experiencia.

Y su mano herida me mostró:
el trabajo duro esto causó.
«No quiero que sufras como yo;
un lápiz es mejor», replicó.

Rebelde, la lección no aprendí,
y mis manos están carmesí.

Se me va como agua la existencia,
hasta el sol mi cuerpo consumió.
Oh, pai, ¿por qué no te obedecí?



Postrado ante ti


(Jotabé tridecasílabo)


Mi voz es nada ante la suave melodía,
de los cielos que muestran tu sabiduría.

Mi voz no se compara al susurro del mar,
ni al sonido que deja la brisa al pasar;
hasta la tierna aurora con su despertar,
llena de versos el santísimo lugar.

Y mis labios, marcados de vil impureza,
ansían exaltar, oh Señor, tu grandeza.

Sí, sería quizá temerosa osadía,
pero aun así deseo tu nombre alabar
postrado ante tu sublime y gran realeza.



Sin retorno


(Jotabé dodecasílabo)


Aquella noche partieron de Benin,
eran llevados a una tierra sin fin.

La horrible oscuridad del barco negrero,
hacía llorar al más bravo guerrero;
pensar en la muerte, dolor, desespero,
las marcas de la esclavitud en el cuero.

Celebran su tragedia aquellos malvados,
por armas, tabaco y ron fueron cambiados.

Miran el horizonte allá en su confín,
se ha quedado atrás su amado semillero,
mas no olvidarán a sus antepasados.



Hermosos momentos


(Jotabé)


Cuán hermosos eran esos momentos,
cuando los viejos nos contaban cuentos.

Aventuras, experiencias vividas
que dejaron huellas aún sentidas;
sus risas, sus historias bien urdidas
y el dulce miedo en mis noches rendidas.

Hoy las casas parecen tan calladas,
no hay cabellos blancos en las calzadas.

Ah, si regresaran aquellos vientos
y brillasen esas almas sufridas;
que no debieron ser menospreciadas.



La poesía perfecta


(Jotabé tridecasílabo)


Busqué en las estrellas una poesía,
miré la luna para ver que me decía.

Con paso lento fui contemplando las flores,
buscando versos entre sus bellos colores;
seguí los pasos de los grandes escritores,
viajando entre prosas romances y dolores.

Pero mi búsqueda no tenía consuelo,
desesperado quise detener mi vuelo.

Y sin esperar llegaste tú vida mía,
encontré bellas rimas entre tus amores;
la poesía perfecta brilla en mi cielo.

 
     
 
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