
Patricia Beatriz
Dowhyj
Rosario (Argentina)
Reside en Granadero Baigorria,
Santa Fe (Argentina)
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Trovador del cenagal
(Jotabé)
Oculto en el pantano, cual santuario,
elevas al espacio tu breviario
entregando entre juncos, escondido,
al fangal el color de tu sonido.
Vas tejiendo la magia de tu nido
con hilos de carrizos, suspendido
en tupidos y espesos lodazales
que conservan tus trinos ancestrales.
Resguardado en tu verde relicario
imperas carricero, protegido,
en la paz de los densos cenagales.
A Wisława Szymborska
(Jotabemoa Espejo Misver)
«El gran número» asombra por tu clara mirada
sobre la inmensidad de la noche estancada
cuando todo en la historia del cosmos se detiene.
Tu pluma, sin censura, preciso impulso obtiene
en la justa palabra que el tiempo aún sostiene
donde el mito ostensible no media ni interviene.
«En un fin y principio» descartas lo mundano
de todo credo ciego tallado por lo humano.
La duda se desplaza por tu senda abreviada,
que en libre pensamiento su refugio mantiene,
salvando del olvido lo puramente vano.
Salvando del olvido lo puramente vano,
que en libre pensamiento su refugio mantiene,
la duda se desplaza por tu senda abreviada.
De todo credo ciego tallado por lo humano
«En un fin y principio» descartas lo mundano
donde el mito ostensible no media ni interviene.
En la justa palabra que el tiempo aún sostiene,
tu pluma, sin censura, preciso impulso obtiene
cuando todo en la historia del cosmos se detiene.
Sobre la inmensidad de la noche estancada
«El gran número» asombra por tu clara mirada.
Perenne segundo
(Jotabé dodecasílabo con Estrambobe)
Cruzaste el abismo del limbo profundo
viajando entre claras sombras… errabundo.
Por un laberinto de niebla y de arcilla
la lúcida noche perturbó mi orilla
en un torbellino cósmico que anilla
tu estampa, gitano, de altivez sencilla.
¿Qué dolor pretérito hasta mí te trajo
buscando mi pulso en este plano bajo?
Tu volátil cuerpo, que no es de este mundo,
penetró mi piel cual remota semilla
desafiando al tiempo, en etéreo atajo.
Más siento el desgajo
de tu luz opaca, tu sol vagabundo,
que ardió como el hielo en perenne segundo.
Maripérez
(Jotabé)
Se despierta la noche en el caldero
bajo el manto de místico lucero.
Un soporte de hierro y tres pilares
resisten el calor en los hogares
mientras rinden tributo a los manjares
en rituales de fuegos singulares.
Sosteniendo el mango de la sartén
maripérez, curvada, da sostén
al aroma que exhibe el cocinero
con placer por sus platos ejemplares
transformando la cocina en edén.
Mi silente Olimpo
(Jotabé)
De pura honestidad templo sagrado,
el amor, en tu Olimpo iluminado,
ha tejido la magia del destino
encumbrando al viajero peregrino.
El milagro del hálito divino
se hizo verbo en tu pétalo hialino,
entre estambres de luces y ternura,
cual lira de silente partitura.
Fiel santuario de vida consagrado
a gestar el milagro diamantino
en tu altar de sublime arquitectura.
Príncipe Saturniano
(Jotabé tetradecasílabo)
a Paul Verlaine
Noble Príncipe de los Poetas te nombraron
cuando entre la borrasca tenebrosa temblaron,
en tu «Canción de otoño», sollozos de violines;
la música bohemia que en umbrosos jardines
fuera la «Primavera» cubierta de verdines
donde la noche danza con tristes arlequines.
La noche que en tu pecho llovía sin ninguna
tregua que reflejara el sutil «Claro de luna».
Los sabios del Parnaso tu gloria coronaron
dejando el gran talento grabado en los confines
de los «Soles ponientes» que el dulce canto acuna.
Rasgando el abismo
(Jotabé tetradecasílabo)
¿Por qué abres, laberinto umbrío, la hendidura,
la grieta que cruza con placer, la desventura?
Transitando los bucles del dédalo invisible
el eco de los miedos se torna inextinguible
y arde en el hielo ufano que se enciende insensible
fundiendo en el sonoro silencio, lo temible.
Escapando del asedio, unido a la esperanza,
el cuerpo del guerrero blande la justa lanza.
Sin detener su marcha rasga la vestidura
de aquel estrecho abismo con fuerza cognoscible
donde la fe del hombre armoniza la balanza.
Cóncavo latido
(Jotabea)
homenaje a Vicente Aleixandre
«Sombra del Paraíso», como herencia sagrada,
es incendio de soles en la noche rasgada.
Mientras el alma vibra de manera inconsciente
«Espadas como labios», cual hoguera viviente,
devora la humedad del verso en la vertiente
de un fuego primordial con soplo azul, gimiente.
Purificando el cielo, los gritos del abismo,
en su vital latido, trascienden tu lirismo
desde «Los peces rojos» y la «Mano entregada»
hacia el cóncavo cosmos, donde el ser, ya durmiente,
en socavado espacio gira sobre sí mismo.
La armadura del silencio
(Jotabé)
Que el silencio responda con bravura
sin perder la quietud ni la cordura
cuando un ser cócora, tan vehemente,
con su enfado infecundo se presente
abriendo un abanico irreverente
cual tormenta irascible, resistente.
¡Que derrame la razón su sapiencia
sobre el gris escenario, con paciencia!
Porque solo con sosiego y mesura
se logra que la paz no se fragmente
en las manos de seres sin conciencia.
Indefensa ofiura
(Jotabemoa Espejo Misver)
Navegando entre sombras, por un helado sur,
te atraparon las redes del sutil calambur.
Como ofiura indefensa, ciega estrella de mar
sumergida en el fondo viajabas al azar
sobre espinosa seda de indecente telar,
presa de los engaños de un hábil calamar.
Tus pasos arrastraban la noria del dolor
en la oscura penumbra de un amargo temor.
Desbaratando el juego del astuto tahúr
te llevaron las hadas ¡quién sabe a qué lugar!
para hallar el descanso del último rigor.
Para hallar el descanso del último rigor
te llevaron las hadas ¡quién sabe a qué lugar!
desbaratando el juego del astuto tahúr.
En la oscura penumbra de un amargo temor
tus pasos arrastraban la noria del dolor.
Presa de los engaños de un hábil calamar
sobre espinosa seda de indecente telar,
sumergida en el fondo viajabas al azar
como ofiura indefensa, ciega estrella de mar.
Te atraparon las redes del sutil calambur
navegando entre sombras, por un helado sur.
Linaje Jotabero
(Jotabé dodecasílabo)
al Maestro Juan Benito Rodríguez Manzanares
Hoy el desplegó su ala más brillante
para verlo feliz, próspero, pujante
con la rima que regala a cada aurora.
Esa rima, creación innovadora
donde el verso, con diademas, atesora
a Poetas Jotaberos que enamora.
Hoy brindamos por su genio y su nobleza,
porque el arte sea siempre su riqueza.
Con un ¡gracias! sincero y fe abrasante
seguiremos aprendiendo sin demora,
en la humilde facultad de su grandeza.
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