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Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé



Rima Jotabé



Directorio de poetas que escriben en Rima Jotabé en lenguas diferentes al Español

Directorio de Poetas que escriben en rima Jotabé en español
 
 
ANDRÉS BORTHAGARAY TÁBOAS
 
Poemas página 02
 
Ceci Burló

Andrés
Borthagaray Táboas

Punta del Este (Uruguay)

Oficio de habitarte

(Jotabé)


Te camino de noche por rincones,
te respiro en las luces y camiones.

Tu frío se me mete en la costura,
tu lluvia me remienda la herradura,
tu asfalto me sostiene la postura,
y me zumba la calle en la cintura.

Tus patios me convidan sus umbrales,
tus pibes me saquean los locales.

Volvés en las esquinas y balcones,
volvés con tu baldosa más oscura,
volvés con tu sudor de los jornales.



Cicatriz del sur


(Jotabé)


Bajo el farol se arrastra mi canción,
y el tango me desvela el corazón.

La noche escupe un fueye en la vereda,
Corrientes me devuelve la moneda,
el puerto se desangra contra seda
sobre el bulín que nadie ya nos queda.

Te busco en los boliches del umbral,
te encuentro en el adiós del arrabal.

Gardel dejó su sombra en mi rincón,
la Boca tira un tango en polvareda,
del río que me canta su final.



Liturgia de la ceniza


(Jotabé)


Nos queda la ceniza del hogar
con olor a silencio y al azar.

Se fue con la mañana de un ayer
la sombra que cosía su taller,
dejó clavado el último alfiler
en una cicatriz de su mujer.

¿Quién mide lo que pesa tu dolor,
si el pecho lo confunde con calor?

Ya todo huele a humo en el lugar,
a la memoria rota del placer
y al vidrio que devuelve su temblor.



La costura del mundo


(Jotabé)


¿Quién sabe dónde empieza la fisura
que crece como un tajo en carne dura?

La boca de quien muerde con malicia
se parece a la mano que acaricia,
y un mismo gesto encierra la pericia
de que el amor se pudre de nequicia.

Se gasta todo, cae por su lento
derrumbe de paredes sin cimiento.

¿No ves cómo se rompe la costura
de un mundo disfrazado de justicia
que nos deja los huesos sin sustento?



Del otro lado del río


(Jotabé)


Me aprieta la distancia como un lazo,
quisiera desatarla de un abrazo.

Mayo se acerca y crece el sentimiento,
las ganas se me trepan al aliento,
quisiera ya pisar el pavimento
porteño que me tira como un viento.

Ponerle voz y cara a la quimera,
saber que son de carne verdadera.

Cerrar la pantalla, tender el brazo,
cruzar la voz desnuda, sin cemento,
y vernos a los ojos, sin vidriera.



Homenaje a la poeta del mes: Anaïs Nin


(Jotabé)


Abrió su cuerpo al tajo de la tinta
de verdad implacable y muy distinta.

Volcó sus diarios como aquel brasero
donde la piel fue pulso verdadero,
donde el deseo fue lenguaje entero,
donde el pudor se hizo prisionero.

Desnuda se escribió contra la oscura
costumbre de callar con mordedura.

Bebió la noche y se volvió extinta,
rompió la norma del vivir austero,
su herida fue la luz de la costura.



Semana Santa


(Jotabé)


Se cuela por las calles lo profundo
y huele a cera el aire en este mundo.

Sevilla arrastra el paso en procesión,
un viejo llora al pie de su escalón,
la madre aprieta el hijo en un rincón
y rasga la penumbra algún pregón.

Descalza va la fe bajo su manto,
la cera se derrite de quebranto.

La cruz no se detiene ni un segundo,
del pecho que se rompe en la oración
le nace a la garganta un sordo llanto.



Carpinchos


(Jotabé)


Se tienden en la orilla del estero
y el agua los envuelve por entero.

Comparten la quietud del pastizal,
se lamen la pelambre en el juncal,
un gesto diminuto y terrenal
que inventa con el cuerpo su ritual.

La tarde se les rinde sin demora,
se miran con un brillo que atesora.

Regresan a la sombra del sendero,
su amor es un silencio natural,
como la luz primera de la aurora.



Tratado sobre la enfermedad del ángulo perfecto


(Jotabé)


Me cuento los latidos y me enojo,
rectifico la muesca del cerrojo.

Reescribo la cifra en el papel,
corrijo las aristas de la piel,
repaso con las uñas el cincel
y borro lo que ayer quedó de miel.

No duermo porque el ángulo está roto,
persigo lo absoluto, lo remoto.

Despierto con el puño y con el ojo,
la grieta que no cede en el cancel,
el dedo que se gasta contra el coto.



Ceniza viva


(Jotabé)


Morder el pan es ya conocimiento,
la boca que mastica guarda aliento.

No pide la materia más holgura
que arder en una forma mientras dura,
cumplirse como el hueso en la fractura,
llegar a ser ceniza y no basura.

Quien goza desconoce lo nombrado,
se quema sin saber que fue quemado.

Respirar es un ronco juramento,
toda piel es un hambre sin costura,
y el goce duele porque nos ha dado.



Torres García: el sur invertido


(Jotabé)


Del universalismo constructivo,
Torres García alzó lo primitivo

y en cada trazo puso la razón:
un pez, un sol, un ancla, y el carbón
sobre madera vieja de un cajón
que Europa quiso darle por lección.

La mano torpe que tantea el muro
de un Sur que se sabía tosco y duro.

Hundió las manos en lo más esquivo,
torciendo Europa en nueva construcción,
clavando en tierra firme lo futuro.



Equinoccio


(Jotabé dodecasílabo)


Marzo desnuda los campos sin corteza
y el aire del sur arrastra la maleza.

Se quiebra la puerta de cada futuro,
el cielo se tiñe de plomo y de muro,
la sangre camina por suelo inseguro
y nadie pregunta si el golpe fue duro.

Se borra del mapa lo que tuvo un nombre,
que todo se pudre debajo del hombre.

Que el otoño no arda con tanta crudeza,
que vuelvan las manos a un grano maduro
y el frío no sea la sombra que asombre.



Espejo de once cuerdas


(Jotabea)


Se mira el verso y tiembla como un lobo en la nieve
buscando entre sus huesos la grieta que lo mueve.

Existe una ley dura que exige un fundamento
el cuerpo monorrimo le impone su tormento
la rima es un abismo que busca su sustento
la norma es una celda que pide un juramento.

Mas sabe que su norma le ofrece la certeza
y el peso de su jaula le entrega fortaleza.

Se reconoce frágil bajo la lluvia leve
hay cuatro voces presas gritando su lamento
y el terzo rompe el hielo con áspera braveza.



William Shakespeare


(Jotabé tetradecasílabo)


Abrió con tinta y fiebre los párpados dormidos,
su verbo fue la espada de los cielos heridos.

Ciñó corona y cetro de espinas a la escena,
donde la envidia clava su ponzoñosa vena,
Macbeth lavando sangre bajo la luna llena
y el labio de Julieta besando eterna arena.

Sus versos son la fragua que ilumina este mundo,
un eco que retumba desde lo más profundo.

Un hombre de Stratford con los sueños encendidos,
que transformó la muerte en luminosa cadena,
legando a cada siglo su resplandor fecundo.



El agua


(Jotabé)


La baño y se le enfría la dulzura
del agua que administro a su criatura.

El jabón se resbala hacia su lado,
mi corazón temblaba arrodillado,
allí lloró después, jamás domado.
El agua escurre un cuerpo desplomado.

Afuera cuelga ropa todavía
y un pájaro equivoca la agonía.

Le canto contra el frío y su rotura,
se duerme y queda el baño clausurado
y el pelo que perdió fue solo un día.



Manual para morder el polvo


(Jotabé)


Vivir es masticar el pan del miedo
y alzarse con las manos del enredo

que encadena los huesos al quebranto,
la piel zurcida bajo tanto espanto,
el dedo que nos señala y no es santo,
la risa que se pudre bajo el llanto.

Se aprende a caminar sobre lo roto
y a descifrar el mapa sin piloto.

Vivir requiere andarse sin remedo,
morder el polvo y reinventar el canto,
plantar los pies desnudos como voto.



Tanteo


(Jotabé)


Tanteo con los dedos cada muro
y el pan se vuelve sal contra lo oscuro

de andar buscando a tientas el quebranto,
el hombro que se encorva bajo el manto,
el charco donde mojo todo el llanto,
la silla donde nadie duró tanto.

Se oxida la certeza en un momento
y queda solo el hueco y su lamento.

Me agarro de lo turbio y de lo duro,
no sé si lo que cargo vale el canto,
descalzo voy cruzando el desaliento.



La iteración del signo


(Jotabé)


Hay algo vivo que el troquel no captura:
un temblor que estremece la escritura.

El sintagma calcáreo es la herida
que arrastra el epígono sin la vida;
el numen sufre, flácido, en caída,
y copia paradigmas, sin más brida.

La praxis anodina es el reverso
del instante en que el alma entra en el verso.

No sea caución ya nuestra escritura
ni servidumbre yerta, endurecida:
sea ardiente incisión sobre lo terso.



Batimetría del olvido


(Jotabé)


No busco la distancia, busco el mundo
que pesa sobre el náufrago profundo.

El agua no es camino, es cirugía
que abre la piel del cielo cada día,
columna de presión y de agonía,
depósito de quillas y osadía.

El abismo no calla: cuenta lento
la osamenta que arrastra su tormento.

No canta el mar: respira en lo profundo,
el salitre que muerde con porfía,
el peso que nos vuelve sedimento.



Dimidiar


(Jotabé)


Cuando el amor decide dimidiar
el cuerpo que llamábamos hogar,

me quedo con el ruido del olvido,
la taza rota, aquel rumor perdido,
el hueco donde estuvo tu latido,
el frío de un abrazo ya partido.

No sé partir la sal ni la certeza.
Dimidio el pan, la vida, su dureza,

y entiendo que la pérdida es manjar
que mastico arrastrando lo querido
tratando de encajar esta otra pieza.



Atardecer en la playa


(Jotabé)


Tus pies mojados quiebran la marea,
la espuma tibia en tu cintura ondea.

Buscamos paz huyendo del bullicio,
el sol se dobla, terco, en su ejercicio,
y el cielo sangra denso en sacrificio:
la costa enciende todo con su auspicio.

El mar nos guarda como amor oculto,
la orilla esconde besos sin tumulto.

Tu risa quema libre en la pelea,
y el agua sella nuestro beneficio
como lo manda el mar, devoto culto.



El científico, el filósofo y el sentido de la vida


(4 Jotabés)


El microscopio y la pregunta – (científico I)

¿No basta acaso el pulso y su fermento
para explicar la sed del pensamiento?

Lo que tú llamas alma fue legado
de sinapsis que prenden lo cifrado,
y lo que nombras dios fue fabricado
por neuronas sin brújula ni agrado.

¡Carbono y fósforo nutren la hondura
que ilumina la célula más pura!

Las moléculas vibran con su aliento,
pero el gen ya descifra lo sagrado...
¿dónde guardas la prueba y la factura?


La probeta y el llanto – (filósofo I)

¡Reduces todo el cosmos a ecuación
y olvidas que tu duda fue blasón!

¿Quién mide con probetas lo más fuerte,
el llanto que desborda y que se vierte?
Tu ciencia no descifra nuestra suerte
ni calcula el abismo de la muerte.

Yo busco lo que late en lo lejano,
el fondo donde tiembla lo más sano.

¡La vida no se explica en un rincón
de datos! ¿Qué resuelve hacerse inerte
si el hambre de verdad nos da la mano?


El virus y la fe – (cinetífico II)

¡No escondo mis preguntas! ¡Dame luz,
y arranco la respuesta de la cruz!

Tu fe se desmorona sin mudanza
cuando el virus devora la esperanza,
y el cáncer no responde a tu alabanza
ni cede por un rezo o lontananza.

El microscopio enseña su empirismo,
revela la verdad del organismo.

¿De qué le sirve al hueso su testuz
si nadie le concede la bonanza?
¡Solo el saber nos libra del abismo!


El suelo y la pregunta – (filósofo II)

Tal vez los dos tenemos que callar
y permitir al cosmos respirar...

No todo lo que brilla tiene un velo,
ni todo lo que duele busca un vuelo;
tal vez descanse oculta bajo el suelo,
en tierra que germina bajo el hielo.

¿Por qué llamar derrota a cada herida
si el tiempo la transforma en despedida?

Tal vez la vida quiere preguntar,
sin prisa por rasgar ningún pañuelo...
¡y celebrar que existe nuestra vida!



Surco y pluma


(Jotabé)


Mastica tu palabra entre los granos
del trigo que sembraste con tus manos.

Del ama derramaste aquel lamento
que olía a pan quemado junto al viento,
El Cristo fue tu surco, tu sustento
la tierra te enseñó su ronco acento.

Tu pluma fue un arado en tierra viva,
la herida que dejó sigue cautiva.

Tu embargo sigue vivo entre paisanos,
aquel clamor del juez contra el tormento,
la copla del labriego, siempre altiva.



Prisa inútil


(Jotabé)


¿Por qué vivís así, tan agitado?
¿A dónde vas si ya estás destrozado?

Un día más se pierde en el momento
de correr sin saber hacia qué viento,
de tragarte el café con un aliento,
mientras tu cuerpo cruje descontento.

¿Y si por una vez dejás de andar?
¿Qué pasaría si aprendés a estar?

Mirate bien: tenés el pecho ajado
por cargar con un yugo tan sangriento...
¡Frená de golpe, aprendé a respirar!



Ceniza


(Jotabé)


¿Adónde fue el verano ya pasado...
Aquel tan caluroso y perfumado?

El tiempo va pasando sordo y lento,
un recibo arrugado por el viento,
y cada arruga esconde un sentimiento,
¡la juventud se fue como el aliento!

No queda más que un vaso sin sentido,
un radio viejo, roto y sin sonido.

¿Qué fue de aquel muchacho enamorado,
buscando en el reloj algún momento,
para encontrar lo que quedó perdido?



Apuro


(Jotabé)


¿Por qué me paso la vida apurado,
siempre corriendo hacia el mismo cercado?

Miro el reloj y pierdo ese momento
en que la brisa exhala su lamento,
y el corazón me late tan violento...
¡Si hasta respiro con afán hambriento!

¿Qué es lo que me persigue sin cesar?
Las horas se me escapan sin mirar.

¿Qué fue del niño aquel, tan olvidado,
que miraba las nubes, sin tormento?
Se lo tragó la prisa del andar.



Mesa


(Jotabé)


Aquí desayunaba en esa mesa
mi madre lo servía sin sorpresa.

El filo de la mesa está gastado,
de tanto plato puesto y retirado,
y un día en esa mesa se ha callado
dejando su lugar abandonado.

Mesa que guarda olor de aquel momento,
la sopa que se enfriaba con el viento.

Aquí sigo sentado en esa mesa,
el sitio de mi padre está a su lado:
mi madre sirve un plato sin asiento.



Manos


(Jotabé)


Las manos de mi madre en madrugada
cosían una sábana rasgada.

Las manos que tejían con amor,
las manos en la tela y su sudor,
aquellas manos llenas de calor
que planchaban la arruga con ardor.

Las manos que cuidaban lo escondido,
manos que sostenían lo vivido.

Mis manos hoy repiten madrugada,
las manos que rezaban por mi amor,
manos que ya reposan en su nido.



Duelo


(Jotabem bisílabo)


Llora,
ora.

Calla,
halla,
falla,
talla.

Dura,
pura.

Hora,
valla,
cura.



Chancleta al aire


(Jotabé)


Recuerdo aquella tarde de verano,
la risa de mi abuela, gesto arcano.

Blandía la chancleta del armario
gritando que venía al tafanario,
corría por la casa su inventario
de trastos y de platos, caos diario.

Mas nunca llegó el golpe, hoy comprendo
que el juego del amor al fin aprendo.

Hoy palpo ese cariño tan cercano,
y miro su retrato en mi santuario,
su risa que en mis sueños sigo oyendo.



Alejandra Pizarnik


(Jotabé)


Hija del éxodo y sangre extranjera,
con las palabras forjó su trinchera.

Nombrando lo que duele, su tormento,
con Olga navegando el sufrimiento,
tejiendo en el silencio un pensamiento,
con tinta desangraba su lamento.

Las calles de París le dan temblor,
y Diana floreció con su clamor.

Julio Cortázar la quiso sincera,
mas ella se perdió en su aislamiento,
hoy nos llega vivo aún su fulgor.



El gato de luna


(Jotabem hexasílabo)


Un gato empapado
de luna ha soñado

que puede nadar
por cielos de mar,
sin alas volar
y el sol atrapar.

Sueña con el viento,
hecho ya de cuento.

Despierta mojado
con ganas de amar,
pleno de contento.



A don Alfredo Zitarroza


(Jotabé)


Tu voz me llega como un fuerte viento
estremeciendo el alma en su lamento.

Guitarra Negra canta con bravura,
desborda su cantar toda dulzura.
Tu compromiso fue de tal hondura
que ni el exilio pudo herir su altura.

Al pueblo le brindaste tu fervor
y tu palabra fue grito y clamor.

Con tu canción encuentro siempre aliento,
Zitarrosa, tu voz es voz segura,
cantor del pueblo, fuerza y de valor.



Navidad nuestra


(Jotabé)


Bajo el cielo estrellado del verano
celebramos la luz con cada hermano.

Vecinos iluminan cada calle
alumbrando las casas al detalle,
con la familia reunida en el valle
cantando al niño con amor que estalle.

Sobre la mesa un pan huele fragante
con vino dulce para el caminante.

Y arde la fe con el calor humano
mientras suenan guitarras sin que falle
celebrando el amor que es militante.



Forzar la rima


(Jotabé)


Por culpa del sonido nace el miedo,
y ante tanta exigencia yo no puedo.

El ritmo se derrumba en la tormenta
cuando la rima mala lo revienta.
Y revelando gran torpeza cruenta
haciendo la lectura muy sangrienta.

Quien fuerza la palabra es desgraciado,
y deja al buen lector tan extenuado.

Hasta que el buen lector pierde denuedo,
pues tanta incorrección le desalienta,
y tu verso termina despreciado.



Mi perro fiel


(Jotabé)


Te recuerdo saltando bajo el cielo,
y junto a ti volaba libre en vuelo.

Nadie pensaba que hubieras ya muerto
el inmenso dolor que siento es cierto.
Sin tu presencia el mundo es un desierto
igual que queda en el invierno un huerto.

Fuiste mi compañero tan glorioso,
leal y muy cariñoso y virtuoso.

Tu bello recuerdo es mi gran consuelo,
y aunque mi pecho sigue bien abierto,
conservo tu cariño tan precioso.



Consejo ante el enojo


(Jotabé)


Cuando despiertas tú malhumorado
y piensas que hasta el perro está enfadado

no caigas en pequeña fanfurriña
que no merece ni siquiera riña
recuerda que la vida es cual campiña
donde hasta el mal humor al fin se aliña.

Respira hondo, deja que pase el viento
y luego hasta la rabia es solo cuento.

Lo malo pronto queda en el pasado,
el berrinche se esfuma como niña
pues vuelve la sonrisa en un momento.



Lamento del viajero


(Jotabé)


Hubo antaño sosiego y gran ventura,
y cuando el bosque alzaba su espesura.

Agora miro el vergel hoy talado,
las aguas turbias y su albor velado,
el aire denso de ponzoña orlado,
y todo el campo yace ya asolado.

¿Qué mengua infame aquí trajo este mal?
¿Qué guerra ciega y qué rencor mortal?

Del mundo entero ya cambió la hechura,
el yermo prado queda amortajado,
mas cifro en Dios un bien que es auroral.



En honor a Arthur Rimbaud


(Jotabé)


Bebió del cosmos el febril aliento,
su pluma fue un relámpago en el viento.

Su verso ardió con luz de profecía,
el barco ebrio en abismos de osadía
rasgando entre vocales de agonía
la perla que alumbrara la armonía.

Calló su voz en tierras de dolor
y el África tragó su último ardor.

Dejó un incendio azul en su tormento,
su silencio late en la poesía
y enciende sin cesar nuevo esplendor.



La danza de nueve astros


(Jotabé)


Mercurio asciende en ráfagas de ardor,
y Venus hiere con su lento albor.

La Tierra sueña una verdad esquiva,
y Marte sangra su nostalgia viva,
Urano vuelca su quietud furtiva,
Neptuno llora su distancia altiva.

Júpiter truena majestad obscena,
Saturno ciñe su corona ajena.

Plutón custodia el último temblor,
y nueve abismos danzan su deriva
hilando el cosmos en su miel serena.



Peregrino en la noche


(Jotabé)


En la noche profunda voy ligero.
Interrogo en el viento mi sendero.

Las sombras me responden en el cielo,
con voces que susurran en el vuelo,
mi pecho que siempre busca consuelo,
voy donde la tarde sangra ya en duelo.

Lejos dejo mi sombra, la mirada
de todas las verdades sepultada.

Persigo mi camino verdadero,
sin nombre ni rumbo con el recelo,
hacia la muerte que es verdad contada.



Pero, ¡qué lástima!


(Jotabé dodecasílabo)


La esperanza huyó como un ave fugaz,
dejando a mi alma tan carente de paz.

Todo lo que amaba en las sombras murió,
la dicha en silencio sin rastros partió,
el sueño que un tiempo del alma vivió,
la fe de mis días todo lo perdió.

Cayó como hoja la ilusión al pasar,
y todo se torna difícil lograr.

El tiempo es un ladrón, voraz y tenaz,
que roba la vida, que miente y dolió,
sin dejarme nunca ya poderlo hallar.



El réquiem del siglo


(Jotabem)


Dios observa el desaliento
de este lúgubre momento;

todo el hombre es impostor
que trafica su candor,
la decencia da rubor,
nadie exige su favor,

verdad con engaño es trecho,
la existencia es un acecho,

se acabó el entendimiento:
el justo vive en temor,
Cristo llora en su despecho.



El bazar de la ignominia


(Jotabem)


En el mundo hay confusión,
se pierde aquí la razón;

el sabio vende su ciencia,
el santo oferta creencia,
todos trafican su esencia
sin pagar por indecencia.

La farsa es nuestro consuelo,
el fraude, dulce desvelo,

y nadie escucha el sermón:
el noble vende paciencia,
Cristo yace en desconsuelo.



Las manos del filósofo


(Jotabé)


Las manos sabias del pensar contienen,
el noble fornimento que sostienen.

Moldean la estructura de conciencia,
refinan el mundo, extraen la esencia,
convierten el caos en pura ciencia,
y otorgan al verbo noble presencia.

Sus nobles palmas las han modelado,
un mundo de ideas bien cimentado.

Con sus ágiles dedos luz detienen,
del ágora destilan la sapiencia,
dejando el concepto puro y labrado.



Epitafío


(Jotabé)


Julián buscó la gran fama y honor,
ansió también buscar gloria y fulgor.

Estudió después libros sin cesar,
pensó que más saber iba a bastar,
cambió después la luz por estudiar,
tornó después su vida en un errar.

Vivió después en honda soledad,
sin ánimo próximo ni hermandad.

Están sus lápidas de gran dolor:
él logró el saber mas no gozar;
búsquenlo así, mas guarden la piedad.



3I/ATLAS

(Jotabé)


Del infinito vino a visitarnos,
peregrino de fuego a deslumbrarnos.

Polvo estelar que cruza sin cesar,
viajero errante del cielo lunar,
su estela irradia en luminoso altar
del firmamento que ansiamos hallar.

Cometa audaz que nos trae portento,
mensajero del cosmos en lamento.

Rasgó la noche oscura hasta encontrarnos,
legado sideral y secular,
y sigue su destino con su aliento.



La fatiga del yo


(Jotabé)


El sujeto se explota sin cesar,
rendimiento extremo sin descansar.

Sociedad cansada tan transparente,
tan conectada pero indiferente,
el yo se agota siendo omnipotente,
perdiendo al otro tan solo presente.

Positividad se vuelve en dolor,
violencia sutil del gran rendidor.

El alma se consume sin parar,
el tiempo agotado se hace latente,
sin encontrar jamás ningún fulgor.



Adicción digital


(Jotabé)


Ring! El móvil desangra la atención
mientras crece la adicción, el tirón.

Clic tras clic, el dedo ya delirante
consume vida con fulgor constante,
el pulgar vaga sin cesar errante
hacia un abismo digital distante.

Crash! Se derrumba todo lo real
y nos sumimos todos en virtual.

¿Zombis sin alma? Ja, qué reflexión
tragando los likes como mendicante,
perdidos en la red sin terminal.



Grieta del tiempo


(Jotabé)


El hielo grita ¡crac! último aliento,
mientras la Tierra exhala su lamento.

La mar devora costas hora a hora,
arde el bosque, y el cielo se evapora,
y la infancia seca de sed que implora,
y el mundo gira su sentencia ahora.

El hombre mira nuestro edén herido,
su templo de plástico y humo hundido.

Futuro roto en este cruel momento:
glaciar que llora, muerte que colora,
carbón que entierra el último latido.



El abrazo del absurdo


(Jotabé)


Despierta el alma en vacío sombrío,
pues la nada resplandece con brío.

El cosmos exicial niega el sentido,
la muerte acecha firme en el latido,
mas él abraza el mundo sin sonido,
ama la llaga de vivir herido.

Rechaza el yugo de la cruel razón,
arde en la llama de su gran pasión.

Libre camina aunque el camino es frío,
construye en ruinas su jardín perdido,
acepta al fin su mortal condición.



Réquiem de Ajmátova


(Jotabé)


En San Petersburgo prendió tu llama,
donde el Neva gris susurra su drama.

Guardaste en tus versos el mudo llanto,
la cola infinita del crudo espanto,
el hijo cautivo tras duro manto,
de la noche ártica y su cruel quebranto.

Tu pluma fue lágrima y juramento,
testigo veraz del soviet tormento.

Ajmátova eterna será tu fama,
del pueblo eslavo guardaste su canto,
Cantaste amor, muerte, sin fingimiento.



Del sueño y la memoria


(Jotabé)


Bajo el sopórtico ya ennegrecido,
do el alma encuentra su postrer sentido,

maguer el tiempo con su garra arcano
tañe campanas del destino humano,
y en cada piedra del portal ufano
fenece el día con andar galano.

Aqueste umbral de sombra permanente
guarda memorias del ayer ferviente,

mientras las horas van con paso herido,
y el muro pétreo, testigo anciano,
otea el orbe con saber vidente.



Heraldo del dolor humano


(Jotabé tridecasílabo)


En Santiago de Chuco brotó piedra oscura
donde el bardo trocó todo el hambre en ternura.

Heraldos Negros golpearon su costado,
y Trilce alzó el puñal contra el verbo sagrado;
cada hueso partido fue un verso sangrado
buscando el pan de un Cristo ya crucificado.

París bebió su fiebre y cruel padecimiento,
Viernes Santo eternal fue su postrer aliento.

«Hay golpes como el odio de Dios», su voz pura
España con su muerte lo había abrazado,
murió lloviendo sobre su cruel sufrimiento.



El vacío del ser


(Jotabé)


Busco el sentido del padecimiento,
mientras se quiebra mi cansado viento.

La vida es sombra, pura, desolada,
sin luz ni rumbo, ciega, destinada
a ser ceniza eterna, condenada
por tiempo cruel que nunca da posada.

Pregunto al cosmos desde mi sendero
buscando luz con paso verdadero.

Queda el vacío, cruel conocimiento,
sin respuesta que calme mi mirada,
solo el silencio de mi ser entero.



Redota y destino


(Jotabé)


Se fue con los gauchos por el camino
cuando la Redota forjó destino.

Artigas peleó sin pedir gloria,
y con coraje ganó la victoria,
su voz quedó en la honda memoria,
tierra oriental que guarda eterna historia.

La traición lo vendió, con saña ardiente,
murió exiliado, mas vive presente.

El gran Jefe Oriental fue peregrino,
su poncho vuela como trayectoria
de la Banda Oriental, siempre de frente.



El otro rostro


(Jotabé)


La luna es un espejo sin fortuna,
moneda que no alcanza mano alguna.

Su luz traza un designio tan complejo
que el alma se extravía en su reflejo,
y es cifra de un enigma en el bosquejo
del tiempo que se mustia como un dejo.

Quizá es la sola máscara inocente,
la faz que mi vigilia busca ardiente.

¿Qué busca el hombre cuando ve la luna?
Tal vez su propio abismo en el espejo,
o el pulso de una herida que no siente.



Homenaje a Pedro Salinas

(Jotabé)

Pedro forjó silencios de ternura,
alzó con voz de sombra su escritura.

La exactitud fue lava, su legado,
el pulso fiel del mármol cincelado,
amor que se hizo fuego enamorado,
el verso que en cenizas ha cifrado.

Su exilio fue raíz que desflorece
y da un fruto de ausencia que estremece.

Madrid sin él perdió toda hermosura,
dejando un testamento ensangrentado:
¡su ausencia en luz eterna permanece!




Jotabé tango


(Jotabé)


Llora el bandoneón en el suburbio,
y baila la noche con su disturbio.

El tango se abraza con la vereda,
la pena camina como una seda,
el fueye solloza porque se queda
sin ella, que al alba se fue de rueda.

La esquina conoce todos los males,
y guarda secretos sentimentales.

Suspira el gotán desde aquel exturbio*
llorando la historia que se le enreda:
murió entre nostalgias y entre puñales.


* Exturbio. Palabra del lunfardo que significa «extraradio» o «afueras».



Teorema de una sombra dorada


(Jotabé)


Paralelas no tocan a su hermana,
pero cruza una recta soberana;

surge entonces proporción muy dorada
que mantiene razón siempre sagrada,
Tales miró en la sombra proyectada
cómo hallar la medida deseada.

Todo el universo es geometría,
los triángulos danzan con armonía.

Proporción constante, de forma humana,
matemática queda demostrada:
¡geometría es pura poesía!



Ígnea diatriba del ser preterido


(Jotabé)


El sílex hirsuto de oprobio impío
flagela al ínclito con saña y brío,

y el éter trémulo de aciaga suerte
calcina vísceras con golpe fuerte.
La estulta pléyade con risa inerte
prodiga escarnios al que no pervierte.

¡Déspotas de infausta, errática grey!
¡Vuestra soberbia fenece sin ley!

Pétreo yunque del pueblo sombrío
transmuta en lábaro su afán conscierte,
¡ígneo magma que derroca al rey!



Tu voz, Delmira, siempre fue inmortal escritura


(Jotabea)


Tu voz, Delmira, siempre fue inmortal escritura,
tu verso dulce siempre desnuda el alma pura.

Tus versos encendieron las llamas del ardiente
deseo, y tú rompiste silencios de doliente
pasión; tu pluma osada fue siempre vehemente
al referir amores con fuerza muy creciente.

Allá en Montevideo, naciste, luz sagrada,
mas, una muerte cruda te dejó silenciada.

Hoy desde Uruguay tierno honramos tu dulzura,
tu legado perdura en verso permanente,
y tu palabra vive por siempre consagrada.



El tiempo del artista


(Jotabé)


Bajo el arce contemplo mi tristeza
mientras pinto con cera su belleza.

El tiempo acre consume cada instante
del lienzo que mi gesto hace vibrante;
y crea luz del corazón amante
y nunca su valor será menguante.

Así nace del duelo la armonía
cuando el pincel despierta cada día.

Mi obra guarda música y fortaleza,
pues todo cuanto el tiempo dominante
destruye, en mi pintura es melodía.



El tiempo del artista


(Jotabé)


Bajo el arce* contemplo mi tristeza
mientras pinto con cera* su belleza.

El tiempo acre* consume cada instante
del lienzo que mi gesto hace vibrante;
y crea* luz del corazón amante
y nunca su valor será menguante.

Así nace del duelo la armonía
cuando el pincel despierta cada día.

Mi obra guarda música y fortaleza,
pues todo cuanto el tiempo dominante
destruye, en mi pintura es melodía.


Palabras que son anagramas: arce, cera, acre, crea.



Alma sin cadenas


(Jotabé)


Alfonsina cantaba sinfonía
y en sus versos mostraba rebeldía.

Su alma rompió todo aquel sufrimiento
alzando siempre su férreo aliento,
mostró al mundo cada nuevo momento
con su voz dulce y su hondo lamento.

Su verso eterno nos hace cantar,
libre poeta de intenso soñar.

Escribió siempre con honda porfía
rompiendo normas con puro talento
y vive eterna en nuestro despertar.



Las artes del destino


(Jotabé utilizando el recurso del anagrama)


Las artes* buscan siempre la belleza,
mientras el alma siente su grandeza.

El genio debe estar* en el camino
donde florece el verso cristalino;
la musa resta* tiempo al peregrino
que va tesar* su lienzo vespertino.

¡Cuánta pasión requiere la pintura!
¡Cuánto dolor esconde la escritura!

Al fin el arte muestra su nobleza
cuando el artista toca lo divino
y trasciende así su humana criatura.


Palabras que son anagrama: artes, estar, resta, tesar.



Un corazón de esmeralda


(Jotabé)


Un verde de los siglos, muy latente,
con un fulgor de gema transparente.

Tu corazón de selva es tan divino,
que portas en tu luz nuestro destino;
eres rayo de sol muy matutino,
la joya que ilumina mi camino.

Emana de tu faz una frescura,
que imita de la fronda la figura.

La verde esmeralda es siempre potente,
un sueño de color tan peregrino,
con su belleza mágica y tan pura.



El inmortal José Martí


(Jotabé dodecasílabo)


José Martí, el gran poeta cubano,
gran arquitecto del sueño americano.

Sus cantos florecieron con voz ardiente
por Cuba la libre, su tierra doliente,
su pluma destilaba miel elocuente,
murió por la patria cual bronce valiente.

Sus obras eternas destilan belleza,
en cada metáfora late grandeza.

Martí renace cual fénix soberano,
su espíritu noble pervive ferviente,
su nombre conserva diamante pureza.



El algoritmo de la desazón


(Jotabé)


Mi verso se perdió sin rastro algún
No encuentro eco ni saludo común.

El reto se esfuma ya sin razón;
mi arte murió sin ninguna pasión;
mi verso se pierde en desilusión,
la red lo devora con cruel función.

El silencio me causa hondo dolor,
mi alma se duele con íntimo ardor.

No encuentro respuesta, busco ningún
será el algoritmo en cruel traición
acecha mi obra con negro terror.



José Hierro: alma en metal


(Jotabé tridecasílabo)


Forjó desde el dolor un verbo combativo
y dio voz a la herida con pulso intuitivo.

Del yunque de la cárcel nació su entereza,
templó con versos duros la amarga tristeza,
con hierro de su nombre forjó la belleza,
y alzó con lirio rojo su rara firmeza.

El norte lo arraigó con savia persistente,
Madrid lo hizo farol de canto resistente.

Fue canto que encendía un pulso más altivo,
donde canta la pena con llama y certeza,
y el alma se hace brisa de voz transparente.



Eclipse del alma


(Jotabem hexasílabo)


Sin tu fiel presencia,
marchita mi esencia.

Eco que enmudece,
aire que padece,
tu voz se adormece,
tiempo que entristece;

rota ya la cumbre,
negra pesadumbre,

mi honda trascendencia
sólo languidece,
sin más certidumbre.



Huellas y horizontes


(Jotabea)


Miro mi ruta andada, casi ya terminada,
y la huella dejada parece bien marcada.

Mis pasos ya dejados, los vuelvo a repasar,
los frutos ya guardados aquí en mi propio hogar,
El surco que abrí un día no pienso yo tocar,
lo que viví en el tiempo no vuelve a regresar.

Es la tarde que baja sobre mi pecho ardiente,
un espejo que enseña la sombra solamente.

Ya no ando yo contando la vida no empezada,
Ni las nuevas semillas que puedan arraigar;
¡la mañana está ahí, brillando intensamente!

 
     
 
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