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VI Congreso Internacional de la Rima Jotabé



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  VI Congreso Internacional Rima Jotabé


VI Congreso Internacional Rima Jotabé


Ponencia de:

María del Refugio Sandoval Olivas


María del Refugio Sandoval Olivas
«Cuquis Sandoval Olivas»
(Parral, Chihuahua, México)

Doctorada en Educación. Grado Técnico en danza folclórica. Maestra jubilada y gran jotabera.
María del Refugio Sandoval Olivas


La Rima Jotabé y su impacto en mi apreciación poética

Se dice que no existen las casualidades, sino las causalidades. Estar en el lugar adecuado y con las personas idóneas son factores determinantes que van construyendo andamios para facilitar el tránsito y reconocer las bifurcaciones de los caminos. En mi caso, este recorrido se refiere al aprendizaje inacabado y fascinante de la creación poética, donde cada encuentro y cada experiencia han dejado huellas que marcan una dirección. La poesía, como lenguaje del alma, no surge de la nada ni de una musa determinada: necesita estímulos, horizontes y guías. Cada paso que damos nos conduce a descubrir nuevos escenarios y constatamos, una y otra vez, que nunca se deja de aprender.

La virtualidad ha traído a mi vida innumerables beneficios y satisfacciones, no solo como herramienta de comunicación, sino como una red de puentes que me ha permitido cruzar hacia universos creativos y humanos que, de otra manera, quizá nunca hubiera conocido. Gracias a ella he podido integrarme a grupos literarios, compartir con escritores y poetas de distintas latitudes y confirmar que, a pesar de la distancia, podemos sentirnos cerca cuando las letras se convierten en hilo conductor. Uno de los mayores privilegios de este viaje virtual ha sido mi integración en Casa EyAM (Escritores y Artistas Mundiales), dirigida magistralmente por la literata Ada Zaglalia, grupo donde encontré un espacio ideal para cultivar el arte con pasión y disciplina. Allí no solo recibí el honorable nombramiento de Embajadora Cultural de México, sino también el estímulo para seguir desafiando mi desarrollo literario y aceptar la invitación de cursar un taller sobre la Rima Jotabé. Para alguien que disfruta de los retos, este significó un verdadero parteaguas en mi vida creadora.

Aunque ya escribía poesía desde tiempo atrás, lo hacía con las herramientas adquiridas de forma autodidacta y con algunos talleres de poesía libre tomados en línea. Mi escritura nacía más del impulso y la emoción que del rigor formal, y aunque disfrutaba de esa libertad, intuía que algo más podía enriquecer mi creación. El encuentro con la Rima Jotabé fue como abrir una puerta hacia un mundo donde la disciplina y la creatividad conviven en armonía. Desde la primera sesión conocimos el nombre de Juan Benito Rodríguez Manzanares, creador de esta composición poética neoclásica, y descubrimos que su aporte no era solamente una estructura métrica, sino una invitación a pensar la poesía desde un orden de ideas que potencia el mensaje. Las sesiones nos revelaban variantes, secretos de construcción y desafíos que obligaban a mirar con atención los cimientos del poema, a reflexionar cada palabra y a darle un lugar preciso en el engranaje de la rima.

Cada clase no era solo una lección, sino una experiencia de descubrimiento. Había tareas que nos llevaban a investigar, a cuestionar lo que creíamos saber y a descubrir nuevas posibilidades dentro del universo poético. En ese espacio encontré algo más que un curso: descubrí una familia literaria. Los lazos que se forjaron ahí son invaluables, tejidos de compañerismo, solidaridad y empatía. Es imposible hablar de este proceso sin mencionar a la poeta Patricia Beatriz Dowhyj, quien no solo me brindó su amistad, sino que, al leer sus aportaciones en grupos sociales en común, me mostró las puertas del grupo de Facebook Jotabeando. Una vez más, la causalidad me guio, porque allí, entre versos, retos y homenajes, hallé una tierra fértil donde depositar semillas: ideas, palabras e investigaciones transformadas en emociones y sentimientos que debieron adecuarse a una estructura con rima consonante perfecta y métrica definida.

En Jotabeando tuve el privilegio de encontrarme con el gran maestro y creador de esta rima que hasta entonces conocía de oídas. Descubrí en él a un literato de múltiples cualidades, pues además del conocimiento, es poseedor de virtudes humanas admirables. Con paciencia, rigor y un didactismo ejemplar, nos conduce por los caminos de la rima. Sus retos plantean escenarios muy específicos donde la forma y el fondo son igualmente importantes. Como jotaberos debemos ajustarnos a normas claras, investigar sobre autores, escribir con conciencia y componer poemas sobre el «poeta del mes», empleando alguna de las variantes explicadas con detalle en la Documentación Formal de Composición de Poemas en Rima Jotabé. Lo que pudiera parecer una exigencia rígida se convierte, en realidad, en un estímulo para la creatividad, porque aprender a respetar las reglas abre, paradójicamente, ventanas a nuevos territorios de originalidad.

Cada corrección en mis poemas ha sido un aprendizaje, y cada palabra de aliento, una semilla sembrada en mi proceso. Desde que descubrí este entorno literario, la Rima Jotabé no es solo una técnica o un recurso: se ha convertido en una nueva perspectiva, en mi compañera inseparable. Hoy me siento profundamente enamorada de esta forma poética, que me reta, me inspira y me impulsa a explorar mis propios límites. Puedo afirmar que escribir en Rima Jotabé no es únicamente una experiencia estética, sino también un camino de autodescubrimiento, donde la disciplina y la pasión se entrelazan para dar vida a la palabra poética.

Cada paso dado me ha permitido encontrar distintas perspectivas, valorar la riqueza de las aportaciones de mis compañeros y reconocer el trabajo de quienes, como yo, se aventuran a cruzar este sendero. La Rima Jotabé no solo ha transformado mi manera de escribir poesía, sino también mi forma de mirar el mundo literario: con mayor aprecio, con más rigor y con un profundo respeto por la disciplina que exige el arte. Descubrí que el verdadero aprendizaje nunca termina, que siempre habrá un nuevo reto por enfrentar y una nueva manera de crecer. Esta forma poética me ha mostrado que la constancia y la disciplina son elementos indispensables en el proceso creador, pues la creatividad, cuando se sustenta en la técnica, logra desplegar todo su potencial estético. Hoy sé que cada letra es un puente hacia la tradición y que cada verso establece un diálogo entre la memoria y la innovación. La Rima Jotabé no es únicamente un recurso literario, sino un espacio de encuentro que enlaza generaciones, territorios y sensibilidades, demostrando que la poesía se renueva en la voz de cada autor que la cultiva. En este sentido, mi experiencia confirma que el arte poético no se circunscribe a la individualidad, sino que se enriquece en la colectividad, haciendo de la poesía un territorio de creación compartida y de profunda trascendencia.

He aprendido que, cuanto más se profundiza en un conocimiento específico, más se expande el horizonte de comprensión y significados; se abren nuevas puertas y, con ellas, la posibilidad de vislumbrar un arcoíris de colores y senderos inéditos. Hoy me siento profundamente agradecida por la invitación que me fue extendida por el Presidente de este Congreso, Alejandro Zarauza, para participar como ponente en el VI Congreso Internacional de la Rima Jotabé. Recibir esta oportunidad no solo representa un honor personal, sino también un compromiso con la poesía y con quienes, desde distintas latitudes, seguimos creyendo en la fuerza de la palabra como semilla de diálogo, de belleza y de trascendencia. Porque la poesía —y la Rima Jotabé en particular— no son solo un ejercicio de escritura, sino un acto de fe en el poder transformador del lenguaje y en la capacidad del arte para unir almas, generaciones y culturas en un mismo horizonte de luz.


VI Congreso Internacional de la Rima Jotabé

Cartel anunciador del VI Congreso Internacional de la Rima Jotabé

 
     
 
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